Carlos Lara en proceso

Fui a Timba a ver qué está haciendo Carlos Lara. Desde que el lugar no está funcionando por la cuarentena lo aprovecha como estudio, y no deja de tratarlo en tanto lugar de exposición, con las piezas montadas de acuerdo a cierto plan, como conviene a un espacio independiente, con una cierta deriva. Desde el encierro hacía ya no sé cuánto que no entraba a un espacio independiente y había olvidado ese sentimiento de relativa confusión, de no entender exactamente qué está pasando. Este sentimiento de incomprensión debe consistir el fundamento, la razón de ser misma de todo espacio independiente, entrar a un lugar donde las leyes de la normalidad con respecto a lo que es el habitar y el uso de objetos está en constante negociación.

Carlos tiene una beca de producción y produciendo está frenéticamente, pensando mientras va haciendo, pensando con las manos un solo objeto: las mecedoras Monterrey, el lugar endémico para el descanso obrero en la historia de una ciudad que debe su identidad económica a la industria. Carlos sintetiza en la mecedora Monterrey el problema del cuerpo que trabaja y descansa, que va y que viene, el vaivén del mecerse, la historia de una cultura derivada de una economía dibujada en el diseño metálico de la curvatura que carga una energía en reposo.

Como todo lo que ha venido haciendo desde hace meses es trabajar sin detenerse a pensar qué es lo que fabrica tiene varias preguntas simultáneas alrededor de una forma, y eso es aprovechar una beca, producir un cuerpo de obra y después averiguar qué se va a hacer con eso, pero impaciente yo ya quiero saber. Que un artista me permita ver lo que está haciendo antes de terminarlo me permite comprender la distancia entre la forma y la intención, y el suyo es un caso mesurado porque todo en su temática es un reflejo de su historia personal y su genealogía, la carga emocional está distribuida en su trabajo conceptual de manera particular.

Sobre un pedestal hay una obra pequeña, netamente escultórica, armada con los descansabrazos de una mecedora. Esta pequeña escultura me parece casi perfecta, la idea de los brazos del obrero descansados implicada en la historia de la mecedora, el paso del aire para la frescura requerida en una ciudad norteña, resumidos en la inutilidad de una escultura que tendrían en su sala los que deben su capital al trabajo de los mismos obreros es todo un comentario, pero esta escultura, por el tamaño y por la composición simétrica de su geometría, presenta el problema de resultar ornamental. El ornamento en el trabajo de Carlos, como en el de cualquier artista, es la natural consecuencia de amar la forma, es decir, la ética del signo privado, y el carácter ornamental va ir siempre en desigual contrapeso de toda carga crítica y conceptual, y es por esto que me parece que de este cuerpo de obra en Timba las piezas mejor terminadas no son las más interesantes, la violencia en los ensayos como las sillas perdidas en el concreto del piso son mucho más expresivas y tal vez el aspecto ornamental es el aspecto que Carlos habrá de negociar en su producción entera, esta negociación es lo que recibe en la práctica de todo artista el nombre de técnica.

El gesto de las mecedoras perdidas en el concreto es evidente en una violencia y un respeto al propio tema, el concreto es junto con el acero el símbolo simultáneo del progreso y la devastación del territorio, la carga emocional en el trabajo escultórico de Carlos la encuentro convincente en que no trata de seducir por medio de la emoción, sino por el concepto, una disciplina. En unas mecedoras derruidas en concreto hay una cierta denuncia, la del paso del tiempo probablemente, un artista que habla de su historia personal mientras comenta la historia de su cultura es el portador de una nostalgia, ¿cómo es que la nostalgia entre los artistas resulta siempre crítica? La honestidad de esta pieza es indiscutible no sólo porque consiste un trabajo que no se puede transportar, que no está pensado para exhibirse, sino por el gesto incontrolado de su cuerpo expandido sobre la habitación.

Las esculturas centrales al trabajo de Carlos son las variaciones sobre la estructura mecedora. Conjugaciones del peso y la circularidad. Trabajar la curvatura es, siempre e inevitablemente, preguntarse por el tiempo, es decir, el trayecto y el espacio, la fuerza de gravedad y las compensaciones. Un movimiento en un solo lugar, un movimiento rotatorio, el problema técnico de realizar estas esculturas ha sido encontrar el punto de equilibrio justo para que se sostengan quietas. La inquietud de una mecedora el signo irrevocable de la ausencia.

Su obra preferida -por el momento- es una pareja de mecedoras sin asiento con el respaldo alargado innecesariamente, es decir, necesariamente alargado para renunciar a la función de sentarse, para subrayar la pureza del vaivén provocada por el viento de la tarde, supongo que son por ahora sus preferidas porque a diferencia de las otras, más elaboradas y posiblemente más impresionantes, en éstas el concepto es más puro, Carlos es un artista muy depurado considerando lo escandaloso y aparatoso de sus procesos mecánicos, y debe ser una cosa de escultores trabajar la roca y el metal con la delicadeza propia del pensamiento que se pliega.

Erick Vázquez

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