Los límites de lo concreto

Para Libertad Alcántara, como para la inmensa mayoría de los artistas que merecen el título, la investigación formal es indistinta de la investigación subjetiva, y esa condición impone un ritmo de producción que rara vez empata con la voluntad creativa, se la puede forzar al costo de crear ensayos meramente interesantes, en su defecto incluso obras mediocres, o bien, se puede tener paciencia al costo de no producir nada definitivo hasta que la madurez de la línea en la investigación formal y la subjetiva terminen de trazar un ángulo perpendicular. Libertad se encuentra ahora en un periodo de una beca de producción y en ciertos momentos de la investigación en su taller he visto cosas que quisiera nunca haber visto, que de haber salido a la luz del día hubieran puesto en riesgo su buen nombre, pero ahora parece haber llegado a una conclusión.

Su investigación intelectual es en parte geográfica, viajó a Coatzacoalcos, la ciudad donde nació, donde su cuerpo se desarrolló y creció en proporción a los muros que la protegían, angustiaban, interesaban, aburrían. Coatzacoalcos es una ciudad petrolera que ha corrido la misma suerte que otros puertos del país, el progreso desmedido y desmedidamente desigual, una maqueta radiográfica de la realidad del petróleo mexicano. Ahí creció en una casa adquirida mediante una hipotecaria que un día sencillamente desapareció, un proyecto habitacional promesa de una vida mejor para toda una fracción de la población, proyecto que como tantos otros de la misma naturaleza pasó de la promesa a una situación socioeconómica insostenible devenida un barrio problemático, inseguro, a medias abandonado. Esa imagen fantasmal Libertad la observa registrada, cromática y textura, en los muros.

En ese viaje al pasado encontró también fotografías de su infancia que se han transformado por la degradación propia del papel y la emulsión sensible a la luz, el abanico cromático de esa degradación fotográfica es, en el hallazgo de Libertad, congruente con la degradación pictórica y el relieve de los muros de la casa abandonada. De su viaje al pasado abstrajo una paleta de color que junto con el juego de texturas resumen la memoria histórica de un proyecto de país, progreso y decadencia. El formato extendido, la relación de mancha y línea en sus lienzos actuales son la memoria conflictuada de un pasado fragmentario que tensa su relación con el presente.

En sus cuadros anteriores era recurrente la aparición de construcciones arquitectónicas, la mitad de un edificio histórico por allá, una casa a medias por acá, fragmentarios, intereses naturales en quien considera que la historia del individuo es un modelo a escala de la historia social. Cuando, antes de iniciar esta investigación, empezó a jugar a romper el lienzo, estaba ya jugando a rasgar capas de yeso y pintura; el interés de mostrar el bastidor, que había venido presentando, era ya una intención arquitectónica de la ruina, la varilla y desbaste revelados. La conclusión que ha alcanzado, sintáctica y sencilla, es que su pintura no es una ventana a la realidad, ni un mural, es la experiencia del muro en sí.

Los elementos figurativos y las manchas de color puro que a veces todavía usa desentonan en el conjunto porque resultan menos fieles a la naturaleza de la memoria. En la medida que se ha ido circunscribiendo a la experiencia de la pared en sí, en la medida que ha ido dejando atrás la figura, la representación y el símbolo para dar paso a la textura cruda del concreto desnudo y la estética de la ruina, más se acerca a una verdadera tesis de la memoria. Coser trozos de lienzo para copiar la forma de la pared que deja ver involuntaria su pasado, chorrear pintura para reproducir la escritura de la humedad, la espátula para el concreto y el yeso. Capas translúcidas, tal vez el presente sea sólo eso. El pincel y el grafito que son ajenos a los procesos de una pared decaída son en los cuadros de Libertad la expresión de su mirada, de su voluntad ante la historia que registra su cuerpo.

La relación de las proporciones corporales es un problema estrictamente de la pintura contemporánea, por eso en la pintura, desde el expresionismo abstracto a la fecha, es un tanto difícil separar lo performático de la pintura terminada. Las proporciones del cuerpo de Libertad con respecto a la medida del lienzo dictan cómo debe observarse su pintura, a la distancia del brazo y a la distancia de una pared cualquiera dentro de una habitación, pero su pintura, tensa como puede serlo en el gesto y el formato, a pesar de tratarse de un ajuste de cuentas con el pasado, está lejos de ser una neurosis. Muy por el contrario, es una solución de los planos integrados que fuera del lienzo serían sin relación, es una narrativa peculiar de una memoria sin pasado, porque con su pintura yo he aprendido a reconocer y disfrutar la riqueza de las texturas formadas por el descuido, y tal vez esa sea una de las tareas de los artistas contemporáneos, enseñarnos a comprender el orden existente sin el estorbo de pensar en el orden de lo ideal, y el hallazgo de Libertad ha sido encontrar en la ruina sin valor la posibilidad de la reinvención.

Erick Vázquez

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