Donde el viento aprendió a hablar

Aún no sabemos a ciencia cierta qué es la voz, el registro de la identidad de un cuerpo individual e irrepetible a pesar de una anatomía compartida, circunstancias que prácticamente reciben la misma definición técnica que cualquier otro instrumento musical y analógico. Ningún instrumento está del todo domesticado y el caso de la voz humana es un problema que en manos de Fernando Vigueras se multiplica.

El concierto no comenzó a la hora indicada, Maricarmen y Fernando volteaban a ver la luz del sol que declinaba, entre la inquietud y la paciencia. Cuando la inclinación del crepúsculo alcanzó un ángulo deseado Fernando comenzó a liberar levemente una frecuencia, tal vez en La, una frecuencia sin armónicos que pronto fue alcanzada por otra en Sol, luego otra en Re me parece que sostenido, pero el punto no eran las notas, sino la especie de contrapunto que empezaba a saturarse. Las frecuencias eran timbres de diapasones de distintas alturas grabados previamente, que conservaban incluso en el sampleo una calidez vibrante, y que gracias a la técnica cuadrafónica desplegada en la sala envolvían el cuerpo entero y hacían de la imagen acústica una secuencia entrelazada de oleaje ligeramente agitado, unas frecuencias subiendo y otras bajando, preparando la llegada de la voz. Y la voz de Maricarmen Martínez llegó, imitando la naturaleza de los timbres, casi indistinguibles del murmullo primero, después con la garganta más abierta concentrando la vibración en el cráneo y en el pecho, volviendo después a los murmullos de la boca cerrada, improvisando y adaptándose al vaivén. Según iban cerrándose las distancias entre voz humana y tonos puros que Fernando seguía trenzando, la imagen se volvía más densa y envolvente, como un viento que se ajusta a la anatomía aligerando la condición de la consciencia, hasta que ya no pude distinguir más el origen y se empezó a dibujar un tema que subía y bajaba en espiral, siempre móvil, como se siente el aire constante, siempre nuevo, siempre de origen incierto, como el misterio de la voz.

Cuando la voz y los tonos alcanzaron una plaza de madurez Maricarmen se alejó del micrófono para tomar un pliego de papel de estraza que desenvolvió y empezó a torcer en espiral, volviéndolo a hacer bolita y extendiéndolo de nuevo ayudándose de pies y manos, un cuerpo que se contraía y extendía moviéndose por el lugar, una imagen que replicaba y se sumaba a la naturaleza de su propia voz y de los tonos multiplicados a los que se enlazaba. La congruencia de ambas imágenes, visual y acústica, Fernando Vigueras la reforzó en su totalidad rasguñando un salterio con la punta de los dedos en un trémolo circular, amalgamando los crujidos del papel en una suma ventisca de agua liviana que declinaba lentamente siguiendo la desaparición paulatina de los rayos del sol a través de los inmensos ventanales del la sala del Centro Cultural Tlatelolco, cubiertos con imágenes translúcidas que Daniel Godinez pintó con dibujos de plantas imaginarias, catálogo de herbolario recolectado durante un sueño.

Registro: Aimée Suárez @documentaciondearte

Si no hubiera sido por los mínimos accidentes inevitables del papel y del salterio hubiera sido imposible darse cuenta de que estaban improvisando. La capacidad de Fernando para comprender a los intérpretes y sus recursos es una característica de su generosidad indispensable para darle lugar a la individualidad de la voz y sus márgenes voluntarios, que en el caso de Maricarmen nunca rebasan la cordialidad de lo necesario, nunca se excede, nunca se queda corta. La pieza duró poco más de los treinta minutos, aproximadamente lo que dura un ocaso de primavera tardía. La sensación de quedar privados de pensamiento en un vaivén continuo que permite permanecer con los sentidos abiertos es un logro de resistencia contra las fuerzas de la economía contemporánea, y esa es la importancia de las artes escénicas, las más afectadas por la política de desmantelamiento cultural del sexenio en curso. El cuidado, la seriedad y la felicidad de un compromiso con la música en una obra como esta hacen accesoria toda discusión sobre el trabajo, no queda más que abandonarse incluso para los que tenemos entrenamiento de escucha sinfónica, y al final, con los tonos desapareciendo como aparecieron, con la voz variando un poco todavía como persisten los últimos rayos del sol, nos quedamos en la penumbra de una ausencia absoluta de crueldad, en la ternura inexplicable de una voz sin palabras, de una insistencia del momento, anunciando la llegada de la sombra y el silencio. El concierto tuvo lugar este sábado 30 de abril, en el marco de la clausura de la exposición Yaj Gotój A: Botánica de los sueños, de Daniel Godínez Nivón, en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco, bajo la curaduría y gestión de Sofía Carrillo Herrerías.

Erick Vázquez

Empalme Sonoro

Tenemos la idea de que la historia del arte es la historia de las rupturas, y esa es una idea más o menos inútil, sobre todo en lo que refiere a las artes escénicas, la danza y la música. La historia de la música y la danza es más bien la historia de los hallazgos y las colaboraciones inesperadas. El proyecto de Daniel Lara -en colaboración con Rodrigo Cantú, Ana Carolina Delgado y Alberto Navarro- es un proyecto perfectamente utópico en el sentido de que no tiene antecedentes en la realidad regiomontana, claro que hay y ha habido artistas sonoros y compositores y músicos contemporáneos, pero lo que Daniel quiere es empalmar artistas que trabajen con audio, con su cuerpo, con instrumentos o sin ellos, diluir la diferencia de las categorías que realmente sólo funcionan con propiedad al momento de adaptar un proyecto a un sistema institucional. Daniel tiene razón, la diferencia entre una artista de performance que trabaja con sonido y un compositor de música contemporánea es completamente irrelevante, como ociosa es la discusión por definir los géneros literarios, los géneros en general.

El empalme es una invención gastronómica ubicada entre General Zuazua, Escobedo, Ciénega de Flores, Marín, en el que se pegan dos tortillas untadas con manteca de puerco y en medio frijoles o lo que se permita, la grasa de puerco sobre la materia neutra de la tortilla es una base congruente para asimilar cualquier cosa que se le pueda poner adentro, y es una solución curatorial práctica y muy efectiva, nada rebuscada y muy norteña. La manteca de puerco en esta segunda edición del “Empalme Sonoro” fue el amor por la distorsión, la inclinación acústica por la saturación, el placer de la deformación extraviada de los armónicos que sólo es posible en la transducción analógica del voltaje.

La segunda edición del “Empalme Sonoro” tuvo lugar el pasado sábado 02 de abril en Espacio Expectante -el único espacio independiente de la ciudad dedicado a las artes escénicas y en particular a la danza contemporánea- abrió con Daniel Pérez Ríos y una pieza muy sencilla, su guitarra eléctrica Epiphone, un amplificador, pedales de Reverb, Delay, Overdrive y MXR Fullborne Metal: un juego de variaciones sobre el Clair de lune de Debussy, reconocible apenas después de que pareciera sólo estar jugando con dos cuerdas de la guitarra como buscando qué hacer con ellas, buscando su camino entre los armónicos de Fa y La bemol, Re y Do sostenido, hasta descubrir la famosa línea melódica que equivaldría al compás 15 de la partitura original. El Clair de lune fue compuesto por Debussy en 1890, pero lo incluyó dentro de una suite de 1905, cuando ya el compositor se había casi desentendido de la formalidad tonal clásica. Debussy lo incluyó a pesar de tratarse de una obra más temprana porque, justamente, la Clair de lune está un poco rara en momentos clave, vagabundea demasiado antes de llegar a los arpegios finales en los que todo se resuelve y uno puede descansar sabiendo que todo está en orden. Por estas razones esta pieza no envejece, por más que se la quiera abusar con afanes sentimentales baratones, porque es un puente entre la música reconocible de la forma sonata y la aventura de la forma libre, un puente adorable además, que en tanto pasaje resulta muy generoso en las manos de un artista contemporáneo como Daniel Pérez Ríos, que la reverberó y extendió en su identidad. El cuerpo de obra de Daniel Pérez es siempre congruente, aunque a veces las soluciones formales que elige parezcan alejadas, y Debussy hubiera estado de acuerdo con su improvisación porque los intereses de Pérez Ríos sólo pueden entenderse como la tensión entre el romanticismo y la saturación distorsionada de la forma que se resuelve en el negro absoluto.

Daniel Pérez Ríos. Registro de Ana Carolina Delgado

Todo lo que hace Yeyo Moroder es particularmente difícil de comentar, por la mejor de las razones. Yeyo es un artista muy generoso que usa muchas máscaras, y el que tiene muchas máscaras siempre nos quiere decir que sólo usa una: la de la importancia de su obra por sobre la de su persona. Per-sonare. Tal vez sea su juego con la identidad lo que le permite usar cualquier recurso del universo sonoro que llame su atención, tres distintos radios despertadores con los que captaba señales de estaciones locales, un sampler con frecuencias preparadas con el que filtraba las vibraciones de su guitarra acústica directa a un micrófono, guitarra saturada de madera mal cuidada, el sentido de la belleza ranchero modulado por un sentido del arte de la escucha refinada, sofisticado y pensado, crudo e intuitivo por igual, en las fronteras de la cultura todo el tiempo.

Yeyo Moroder. Registro de Ana Carolina Delgado

El noise de Daniel Lara lo generó todo desde una pequeña caja de frecuencia, la experiencia acústica de la onda electromagnética es relativamente reciente, y en la historia de la música es prácticamente nueva, apareció hace apenas unos sesenta años con la invención del modulador de frecuencia y el amplificador de la señal eléctrica. La relación entre un músico y la señal eléctrica no es menos analógica que la de un violinista con su instrumento, pero sí es probablemente más emocional, más directa con el hecho crudo del amasijo neuronal que puebla el organismo mamífero humano, y la insistencia de una onda en particular que Daniel Lara interrumpe casi siempre con una tendencia hacia la frecuencia más cerrada, lo que un señor como yo llamaría un allegro crescendo ma non troppo, es lo que llenó la sala del concierto con una clara y definitiva señal de sus intenciones al organizar estos empalmes, que con toda justicia deben llamarse música y distinguirse en nada del arte sonoro, después de todo ya pasó más de un siglo desde que Pessoa escribiera poder exprimir-me todo como um motor se exprime, ser completo como uma máquina. La música directa de la onda de voltaje es imposible de comparar con las capacidades del lenguaje articulado, abstracción pura como es y carnal como lo es el cuerpo. En la experiencia de las variaciones de voltaje -que no podrían escribirse en el sistema de notación de la tradición occidental- el sentido del ritmo, por ejemplo, es invariablemente cardiológico, gracias a la ausencia de la percusión. La emoción del noise de Daniel Lara conectó todo muy divertido y todo muy discretamente intelectual, como la mejor música acaso lo sea.

Daniel Lara. Registro de Ana Carolina Delgado

Huno Huno cerró la sesión y para su intervención las sillas salieron sobrando. El manejo de la cantidad de recursos de Huno es asombroso, porque la calidad de su imagen acústica conserva en todo momento una dimensión rica y concreta sin la necesidad de descansar la solución únicamente en el loop. Lo mismo podría decirse de todos los integrantes de esa noche, que la invención de sus temas parecía inagotable sin apoyarse en el recurso de tema y variación, sino en la soltura de su relación con las texturas.

Huno. Registro de Ana Carolina Delgado

La tercera edición del Empalme Sonoro tendrá lugar el 30 de abril en el mismo Espacio Expectante (más información: @empalmesonoro) y seguramente serán en su conjunto una referencia para articulaciones posteriores, así como ya lo son las Impro-Sessions organizadas por Leo Torres entre el 2013 y el 2014.

Erick Vázquez

Una extraña victoria

Rubén Gutiérrez rápidamente desarrolló un léxico que le permitía hablar de los aspectos de la cultura contemporánea que lo divertían y horrorizaban por igual, léxico juguetón y crítico que ya tenía claro desde que era un estudiante de artes, con el que ya se estaba moviendo, astuta y vertiginosamente, a través del difícil mercado del arte. Aún muy joven, Rubén fue uno de los artistas esenciales en el catálogo de la galería Bf15, la primera galería de arte contemporáneo con intenciones comerciales del país, dirigida por Pierre Raine entre el 1998 y el 2000. Con su sentido del humor irónico y medio descarnado, con imágenes de zombis apoderándose de los suburbios, caricaturas de individuos que no pueden distinguir la realidad de la fantasía televisada, retratos de sujetos de revistas viviendo su soledad y su vacío existencial con una mueca de alegría, Rubén resultó visionario, profético, pero al paso de las décadas, y justamente porque esa misma clarividencia era correcta, el tiempo eventualmente volvió sus imágenes obsoletas. Un vaticinio que se cumple es lo peor que le puede pasar a un profeta en vida, porque al principio nadie lo toma demasiado en serio, y cuando el apocalipsis por fin llega, cuando el destino presagiado ya nos alcanzó, a todo mundo ya le parece lo más evidente y redundante. Las imágenes del Rubén de entonces ya no pueden competir con los memes que abundan expresivos y sintéticos de una realidad compleja.

Dibujo de 1999, cortesía del artista

Pero algo muy interesante sucedió durante el último PreMaco en la Colector Gallery, dirigida por Jesús Alberto Flores: la obra reciente de Rubén Gutiérrez muestra un trabajo donde el artista se aleja de su herramienta fundamental, su acostumbrada ironía, y en el medio de ese mismo mundo hostil que siempre ha retratado se muestra ahora expuesto a la ternura y la sorpresa de sí mismo, y curiosamente, tal vez ahora mejor que nunca, Rubén entiende la realidad paranoica en la que nos encontramos, con un diálogo interno representado en un video en el que un par de esculturas esféricas cobran vida cuando nadie las ve y ruedan por las salas de la galería preguntándose sobre lo visible y lo invisible, los espacios para respirar y la libertad posible dentro de la locura cotidiana.

Una extraña victoria. Cortesía del artista

Lo mejor de esta exhibición son los dibujos, rayones con prismacolor en hojas de media carta, gráciles, sin otra pretensión que la emoción del instante, que nos hablan directamente de cosas que entendemos, pero que no podemos explicar en su desinhibida intimidad, su desesperada gana de vivir. Si no fuera por el cálculo técnico que revela un artista experimentado, podríamos pensar que se trata de un artista joven al que le urge expresarse, que se encuentra sorprendido descubriéndose, y que remata, con el tino usual de Rubén para la frase escrita, en neón sobre uno de los muros de la galería, The Future is Always Beginning Now.

Erick Vázquez

PreMaco, la evolución del coleccionismo local y la despedida de LarSchool de Monterrey

Parece que la pandemia por fin da señales de menguar y con ello el mundo del arte regresa con algarabía, pero en esta edición de PreMaco fue muy palpable la ausencia de los espacios independientes, de los que tanto he insistido eran lo más valioso que la ciudad tenía para ofrecer porque eran el enlace entre los artistas jóvenes y la institución, las instancias comerciales, ferias y galerías. En este sistema circulatorio los espacios independientes eran la aorta, o por lo menos las arterias braquiales, y desde que la característica de un espacio independiente es siempre la precariedad, fue imposible que se sostuvieran en las condiciones insoportables de una pandemia como no se veía en por lo menos cien años de inmunología. Ahora que el virus que nos aisló estos años parece mutar en versiones cada vez menos amenazantes, acaso las cosas cambien, por lo pronto los pocos espacios independientes que sobreviven son “Es.coria” (Carlos Lara, Luis Figueroa, Brenda Fernández), “Transliterado” (Eliud Nava), ElExpendio, YoStudio (Yolanda Leal) y “Sitio Centro” (Blast, Malcom, Ácaro).

Una prueba clara de las consecuencias de la ausencia de estos espacios es que lo más indiscutiblemente interesante que se pudo ver en PreMaco fue la instalación de Marcel del Castillo en YoStudio. La instalación de Marcel, armada con tubos de PVC, traza un circuito cerrado con otro circuito en medio, desconectado, con una coladera en la que se escuchaban testimonios de ciudadanos de Los Herreras y Ciudad Anáhuac, dando cuenta de la contaminación en los ríos provocada por la empresa minera Matrimar, revelando que los problemas de agua que ahogan lentamente al Estado de Nuevo León no los origina la población, sino el fracking, la industria no regulada, que amenaza con la privatización del recurso esencial para la vida en el planeta.

«De dónde viene el agua» de Marcel del Castillo en YoStudio. Cortesía del artista

La investigación de Marcel del Castillo, expresada en la instalación y en una serie de fotografías, es un producto crítico, expresivo y problemático, muy difícil de concebir en un espacio distinto. Otra prueba de que la vida artística pulsaba con mayor fuerza en los espacios independientes fue lo mostrado en “Artista Manifiesto”, un esfuerzo de Eliud Nava, Rodrigo Odriozola, Catalina Escamilla, Gloría Cárdenas, Rebeca Jiménez entre más participantes .

Desnudo, 2021, del proyecto «The survival of the golden thread» de Alejandro Zertuche, mostrado en «Artista Manifiesto». Registro por Rubí Silva.

Ahora bien, un elemento notorio de “Artista Manifiesto” es que, si bien se trata de un proyecto alternativo a las propuestas propiamente comerciales, la gestión fue realizada entre artistas y los directores de FAMA, coleccionistas y gestores, y este es un efecto directo de tanta iniciativa al margen de la institución en los años que precedieron a la pandemia, una actividad casi frenética de espacios y exposiciones y proyectos, en la que se sembraron inquietudes que ya se están traduciendo en realidades. Me refiero a un hecho en particular, algo que nunca pensé que diría, que es tan raro para la realidad no solo regiomontana sino del país, que vale la pena hacer un poco de drama para enunciarlo: lo más interesante, lo mejor que tiene Monterrey en este momento, son sus coleccionistas y gestores, completamente atípicos respecto a la figura usual del coleccionista discreto, anónimo: por el contrario, los coleccionistas y gestores de Monterrey son agentes activos en franca comunicación con la comunidad artística, promoviendo proyectos en colaboración y difundiendo proyectos incluso ajenos; atendiendo a lo que Ana Garduño enunció al lado de Adriana Melchor en su conferencia, organizada por MacroSalón en el museo MARCO el año pasado: “Un coleccionista que no circula sus adquisiciones no es un coleccionista, es un acumulador, un hoarder.”

Como último ejemplo cristalino de esta sorprendente realidad está la iniciativa de LarSchool, de Catalina Restrepo y el curador Gonzalo Ortega, que con invenciones como “Presto mi casa” inspiró a agentes ahora fundamentales para la escena del arte, como Gloria Cárdenas y Ernesto Vallejo. La actividad de Catalina y Gonzalo fomentó y acompañó proyectos como el de Timba, de Carlos Lara e Isabel Arciniega, LarSchool impartió incansablemente talleres de curaduría, a los que asistieron gente tan valiosa como Abril Zales y Paola Livas, ésta última junto con la que Lar, siendo consecuente, organizó la décima y última edición de Deadline, el proyecto que Paola dirigió durante cuatro años y dio visibilidad a una larga lista de artistas emergentes. Justamente, esta última edición de Deadline, titulada con precisión The Friends we made along the way, fue el cierre de un PreMaco que muestra el rostro de una escena del arte en transición, y uno de los eventos con los que la iniciativa de Catalina y Gonzalo preparan su despedida de la ciudad para iniciar su trabajo en otros rumbos. “Todo/Nada”, exposición de Marilú Garza, marca la despedida de LarSchool de Monterrey, con una plática entre Catalina y la artista, este jueves 03 de marzo a las 20:00 en el restaurant Gypsy, arriba del Maverick, a donde lo justo es asistir para decirles hasta pronto con el aplauso que corresponde.

Erick Vázquez

Afectivo impersonal: Renard en la Once Alternativa

La Galería Once Alternativa fue concebida por Hugo Chávez, cuando el entonces joven arquitecto conoció el proyecto de la galería Bf15, justo antes que la galería cerrara, por ahí del año 2000. Con esa experiencia Hugo tuvo la inspiración para abrir un espacio comercial de arte que presentara proyectos aventureros dentro de la conservadora ciudad. La Once Alternativa es luego el espacio natural para representar a un artista como Renard en su interés, su obsesión, su intensa sujeción por la línea, vital para su vida y su trabajo, para quien en el trazo todo sucede. Para esta artista lo esencial es justamente el instante del rasgo, del gesto, haga escultura, pintura, música, performance o cuando va al Oxxo, lo importante es el trayecto de su cuerpo y de su voz en una superficie. Esta autenticidad irreductible hace de Renard una de las propuestas más refrescantes de los últimos años en la ciudad, original y de una inspiración aparentemente inagotable, por ejemplo el proyecto de Kali en “Mal de Ojo”, el Project room de la Once, que nos perturbó al límite de preguntarnos si eso era arte o no, si debería estar en una galería o no, esa perturbación que pone en crisis el marco de una galería y el marco emocional y estético de una comunidad es justamente el punto al que Renard debería apuntar siempre, se trate de pintura o cualquier otra cosa, que no sepamos qué pensar pero tampoco podamos negar la autenticidad, la veracidad visceral de un gesto indudablemente expresivo de una problemática como la del cuerpo y el lenguaje.

Renard se inscribe en ese linaje de artistas que se puede rastrear en el romanticismo temprano, con Keats cantándole a las flores sin ningún otro público presente, pasando por las vanguardias con los dadaístas realizando acciones de las que no queda más que alguna foto borrosa, rozando el accionismo vienés. Es por esta misma razón que la solución formal con la que da salida a sus pulsiones resulta irregular, a veces imperfecta, como en su pintura y sus performance, porque lo más importante ya sucedió y lo que vemos al final es el subproducto, pero a final de cuentas la pintura de Renard existe y se exhibe colgada, y por lo tanto se inscribe también en una tradición pictórica que tiene una historia y una manera de verse en tanto objeto, y no se puede jugar dos juegos asegurando que uno se vale y el otro no.

Registro: Cortesía del artista
Registro: Cortesía de la artista

Esta problemática es patente en lo que la galería Once exhibe actualmente en sus salas, el resultado de acciones de Renard usando el eje de su cuerpo como un compás para trazar con el filo de sus zapatos las líneas que demarcan los límites de su fuerza, una violencia geométrica, raspando para sacarle la cal a la tablaroca, un gesto propio de la artista para subrayar la naturaleza corporal, miembros como dislocados expresando una voluntad particular que dibuja destruyendo, un gesto que articula la naturaleza de la línea con piernas y pies y torso, pero lo que vemos al visitar las salas son las tablarocas enmarcadas como si fueran cuadros abstractos, implicando que lo importante son los objetos producto de la acción, y la estética final es la muy reconocible de cualquier revista de arte contemporáneo, lenguaje homogéneo de feria. Cuando un artista recurre a formatos reconocibles del arte contemporáneo se suma a un lenguaje que no es del todo suyo, y el precio que paga a cambio de esa engañosa legitimidad es a costa de su individualidad, esta una regla no escrita pero que se cumple, tal vez, casi siempre. Esta exposición en la Once no es del todo congruente con la búsqueda que ha caracterizado al artista hasta ahora, porque el producto de las acciones, enmarcado e iluminado, tomado demasiado en serio, se termina traduciendo en fetichismo, y el fetichismo está bien sólo si se sacrifican la carne y el tejido nervioso, el fetichismo sólo sobrevive a costa de substituir la realidad visceral que constituye en primer lugar la filosofía vital de Renard.

Es sin duda una problemática compleja enlazar un gesto efímero con un producto que ha de inscribirse en la historia de los objetos, complicado en especial tratándose de pintura y escultura, por excelencia los objetos con vida independiente en la práctica del arte, pero lo curioso es que en sus dibujos Renard sí lo logra y con la elegancia propia del poeta que parece que ni batalla para lograr la perfección, es decir, la indiferencia entre forma y contenido. ¿Por qué en sus dibujos garabateados sí lo consigue y, en cambio, con la pintura y otros medios a veces lo logra y a veces no? Tal vez se trate efectivamente de que la gravedad que carga la tradición del dibujo es mucho más ligera y flexible que la del prestigio espeso de la pintura, tal vez se trate sencillamente del dominio de la técnica, que todavía necesita repetir y repetir, y repetir, hasta que la sonoridad de su eructo llegue a las notas decisivas. En todo caso es una artista que siempre vale el esfuerzo de darse la vuelta, aunque sea para atestiguar el proceso de sus logros y fracasos. La exposición en la galería Once Alternativa se podrá visitar hasta el día de hoy, entre 10:00 y 1:00 y de 3:00 a 8:00 pm.

Erick Vázquez

Entrevista a un crítico de arte

Monterrey, N.L. México.
25 de Noviembre de 2021.

Estimado Erick Vázquez:

Es un placer saludarlo de nuestra parte, somos un grupo de estudiantes de la materia Crítica del Arte de la Universidad Lux, misma que imparte la Asesora Académica Ruth Rodríguez. Hemos tenido el placer de revisar su trabajo en la materia y nos interesa mucho saber sobre su trayectoria así como algunas ideas de su opinión sobre la condición actual de la crítica en nuestro país. Le hacemos llegar un par de preguntas, estamos realmente agradecidos.
Sin más por el momento quedamos atentos.

Alumnos Universidad Lux.

Tetramestre 2021-3, Turno Nocturno.

  1. ¿Cómo fue su inicio y trayectoria en la crítica del arte? ¿Cómo decidió elegir esta profesión?

Fue accidental, como la mayoría de los encuentros amorosos y vocacionales, supongo, aunque para un crítico de arte las coincidencias no existen. En la carrera de artes un maestro me sugirió entrar a una convocatoria para escritores, entré y me la dieron. Una vez enfocado a la escritura -que como ese maestro observó se me da más fácil que otras inclinaciones- fue natural empezar a escribir sobre arte porque era la sociedad que me rodeaba, amigos muy importantes para mi formación y de los que aún dependo. Entonces, no podemos hablar de que se trató de una elección, las cosas más importantes, en la evolución de las especies y en la vida privada con toda probabilidad comienzan por accidentes afortunados.

2. ¿Cuáles son los cambios que considera han surgido en la crítica desde ese momento?

¿Cambios desde mis años de estudiante y la actualidad? En términos de funcionalidad, la aparición de la figura del curador reemplazó por completo a la figura del crítico, cosa que sucedió en México justamente por aquellos años, a mediados de la década de los noventas. Ese desplazamiento, que consistió en la producción de textos de sala y catálogos, se explica sencillamente con el flujo económico. Un crítico vivía de lo que ganaba con sus textos de sala, para catálogos y revistas, y si tenía suerte, con sus publicaciones en algún periódico; como curador se percibe mucho más dinero y la gente sencillamente optó mejor por entrarle a la curaduría, que es una figura mucho más amable que la del crítico porque no se termina peleando con medio mundo, al contrario, el curador tiene que mediar entre artistas e instituciones.

2. En su opinión, ¿cuál es la formación académica o de vida que debe tener un crítico de arte?

Ah, esta pregunta me gusta mucho porque mi formación fue absolutamente autodidacta, y realmente todos los críticos de mis referencias (Diderot, Baudelaire, John Ruskin, Bernard Shaw) hicieron lo mismo: aprendieron escribiendo, mediante la propia práctica desarrollaron la teoría que después alcanzaron a producir. He llegado a la conclusión de que un crítico debe poseer un conocimiento universal, historia para aprender a ubicar la genealogía de una práctica, literatura para poder hablar de cosas de las que en principio es muy difícil hablar, filosofía para saber cómo hacerse las preguntas adecuadas, psicoanálisis para comprender los principios esenciales de la relación entre expresión y síntoma, y más recientemente he concluido que la medicina y la anatomía deben ser fundamentales para tener una idea de cómo funcionan el corazón, las manos, el cerebro, los ojos y el aparato fonador, la actividad neuronal de los sueños y la excitación del sistema nervioso. Por supuesto, todo esto se ha desprendido de mis experiencias escribiendo sobre artistas porque para entender de qué están hablando a veces hay que saber algo de geología, de acústica o de astronomía, por dar algunos ejemplos. Además hay que necesariamente saber cómo funcionan las diferentes artes, música y arquitectura, fotografía y pintura, danza, etcétera. Suena a una tarea pesada ahora que lo digo, pero para mí no lo ha sido porque ha tenido que ver con el placer que viene con la expansión de un campo de interés, es lo que más me gusta y lo que más fácil se me hace.

3. ¿Regularmente lo contratan para realizar la crítica o usted busca el medio a publicar según sus intereses intelectuales?

Yo he buscado el medio de publicar y las opciones son pocas, eventualmente te invitan a participar para algún catálogo o texto de museo pero no lo suficiente para poder vivir de eso. Tengo mucha suerte porque yo no vivo de la crítica, y por eso me puedo permitir escribir en mi blog lo que se me de la gana sin la preocupación de que vaya a gustar o pueda herir alguna sensibilidad, cosa inevitable porque los artistas son hipersensibles y se toman todo muy a pecho

4. ¿Se puede vivir de la crítica de arte? si considera que no es así, ¿Qué otras actividades realiza para ello?

Esta pregunta ya la respondí en la anterior pero puedo agregar para confirmarte que no, no se puede vivir de la crítica en México, y se tiene que hacer lo mismo que hace todo artista, buscar apoyos, proyectos independientes con instituciones, becas, dedicarse a la enseñanza (que resulta muy provechoso porque se está en contacto constante con los jóvenes y con los textos y los discursos). En EUA es más posible dedicarse a la crítica, pero sólo en algunas ciudades. En EUA la crítica musical, por ejemplo, cuenta apenas con unos cinco representantes en todo el país y están en Nueva York, Los Ángeles y Washington, y se trata del mercado más grande del mundo. Yo no realizo ninguna de estas actividades porque repito que he tenido mucha suerte y heredé un negocio familiar que me permite el tiempo necesario y la posibilidad de comprarme libros. Aún así creo que el aspecto económico no es un impedimento para poder escribir crítica de arte, creo que los artistas y maestros podrían escribir crítica de arte y sería muy provechoso para todo el mundo tener opiniones articuladas que nos ayuden a pensar, ¿cómo? Sencillamente escribiendo de manera relativamente periódica y leyendo aquí y allá. Es muy importante tener el corazón para hacerlo, las ganas, y hacerse a la idea de que a lo mejor algunas personas se van a ofender con lo que uno está diciendo. Pienso por ejemplo en Marcel del Castillo o en Francisco Benítez aquí en Monterrey, que de manera más o menos constante expresan sus opiniones en YouTube o en sus redes sociales.

5. ¿De qué manera separa usted su crítica personal de la objetividad a presentar en el medio a publicar? ¿Maneja una misma voz y postura?

No la separo en absoluto, y no hay manera de hacerlo. He dicho y repetido que lo mismo que afirmo en privado lo puedo sostener en público. ¿Cómo separar los juicios subjetivos, que son inevitablemente los que constituyen la práctica artística, de los objetivos? ¿Qué es un juicio objetivo, si ni siquiera son posibles en la ciencia? La ciencia de la biología moderna, por ejemplo, que nace con Darwin, es inseparable de la vida privada del mismo Darwin, que en sus libros habla de sus hijos y su esposa y hasta de su casa privada, en donde realizó las investigaciones más importantes en existencia sobre lombrices de tierra, a las que les debemos la posibilidad de la agricultura, de los bosques y del verdor en general sobre el planeta. Mi voz es mi postura y mi postura es la historia de mi cuerpo y de sus relaciones con otros cuerpos, y esa es la objetividad que persigo visceralmente, por esta misma razón me relaciono con los artistas lo más posible, y por eso me abren la intimidad de sus estudios, porque enfrento mi subjetividad abiertamente con la suya.

6. ¿Ha tenido alguna censura o veto por algún medio, espacio o artista? ¿Eso puede suceder?

Sí. De hecho estoy de manera extraoficial vetado de Conarte -lo sé por fuentes confiables-, no me invitan a las noches de artistas en el museo Marco porque expresamente me sacaron de la lista de invitados -lo sé por fuentes muy confiables-, un par de galerías y espacios evitan y activamente tratan de bloquear mi influencia, y me detengo ya porque creo que la lista es tan larga como improductiva. Tal vez mi caso sea muy particular, pero lo dudo mucho, es que la crítica es incómoda y mucho más incómodo es un personaje que es independiente, con intereses completamente libres de todo compromiso; es chistoso porque un crítico que no depende de ningún sector o grupo en teoría es lo ideal y en la práctica resulta que fíjate que siempre no. Quisiera que no sonara todo a queja, porque realmente soy mucho más respetado y querido que odiado por parte de la comunidad artística. También podría agregar a la pregunta número 3 de arriba que un crítico debe tener un buen sentido de la ironía y no tomarse las cosas de manera tan personal, aunque en la práctica artística todo sea estrictamente personal.

7. Hay críticos que señalan una crisis en la profesión, incluso que el curador lo ha desplazado, ¿qué considera al respecto?

Ya respondí a esta pregunta, tal vez podría aprovechar para hacerme la pregunta de por qué el curador desplazó al crítico, si en principio no realizan la misma chamba, es decir, sí ambos pueden escribir textos, pero son textos cuya naturaleza es esencialmente distinta.

8. ¿Cómo considera el panorama y condición general de la crítica de arte en nuestro país?

Solitario.

9. Como estudiantes de la materia estamos interesados en el camino de la misma, ¿Nos daría algunas recomendaciones de su parte? ¿Le gustaría agregar algo más a estas preguntas?

Sí, los textos que Diderot hizo sobre los Salones del Louvre son una lectura placentera porque Diderot era un gran escritor y es importante porque fue el primero en hacer crítica de manera formal, y es una cosa que dejó de suceder, que la crítica estuviera en manos de los literatos. La crítica literaria de Virginia Woolf es una delicia, que además nos muestra a una Virginia muy cabrona y agresiva, muy divertida, imagen a la que no estamos acostumbrados y que no podríamos imaginarnos con la lectura de sus novelas. La crítica musical de Bernard Shaw es mi modelo a seguir, en particular podría recomendar The sanity of Art, que es la respuesta que Shaw escribió a un psiquiatra autor del libro “Degeneración”, en el que se afirma que los artistas pre-rafaelitas, los impresionistas, Richard Wagner y Tolstoi eran personas degeneradas y un peligro para la sociedad. La crítica de Octavio Paz me parece la más aburrida de la historia, con la única excepción de su libro sobre Duchamp que es brillante. Hay unos textos de Roland Barthes sobre Cy Twombly que uno no se puede morir sin leer aunque sea una vez. Los textos de crítica de arte publicados en el periódico El Universal durante la época del movimiento de los “Contemporáneos”, en particular los de Jorge Cuesta, son un gran ejemplo de crítica de arte escrita por gente que viene del campo literario.

La aparición de Macrosalón y la cuarta edición de FAMA

Este texto será un poco largo y pondrá a prueba la paciencia pero se justifica porque este mes, en esta ciudad, sucedió una serie de inconcebibles: MacroSalón inauguró su primera edición como feria comercial de arte contemporáneo, competencia cordial y saludable para FAMA, esta última que este año celebró su cuarta edición, y la misma que al comenzar en el 2018 modificó definitivamente la dinámica ya algo esclerótica del entonces raquítico circuito de producción, galería, y coleccionismo, y lo modificó con el sencillo principio de una feria con una oferta de precios accesibles, idea escandalosísima en el momento para algunos, solución lógica e inevitable para el resto.

MacroSalón está formado por Daniela Garza en la organización y patrocinios, y Rolando Jacob, Beto Díaz, y Maya Cepeda en la concepción y ejecución, un trío que hubiera resultado casi tan genial como Los Panchos si no hubiera sido porque, como la experiencia lo demostró, les faltó un integrante para terminar de darle forma a la tremenda organización que requiere una feria con convocatoria nacional. El nombre de “MacroSalón” es una conjunción entre la eterna obsesión por lo “macro” de Monterrey y el antiguo concepto de salón, la solución clásica para convocar un montón de artistas sin una relación clara entre sí, es decir que MacroSalón es un proyecto que desde su concepción hace ya algunos años, germinado en la cabeza enigmática de Rolando Jacob, era desde entonces un juego muy en serio con aspectos complejos sobre el comportamiento social de la ciudad y del mercado del arte. Por ejemplo, el salón tuvo tres premios, con un jurado de legitimidad incuestionable, armado por artistas y curadores con trayectoria nacional e internacional; el premio principal lo adquirió la artista Gaby Lobato, el segundo Premio (de) Generación,lo recibió Alfredo Esparza. La idea de un segundo premio la aportó Rolando Flores, y es original en que tanto la selección como el dinero del premio lo aportaron los propios artistas del jurado, todos aproximadamente de una misma generación, lo cual significa un gesto de reconocimiento comunitario, que apuesta congruentemente con los principios de la feria: una comunidad de artistas que se apoyan y se reconocen entre sí, con una fragante independencia de cualquier tipo de institución. El tercer premio fue para Roberto Carrillo y consistió en una residencia de un mes en Cobertizo. Adyacentes al salón había una curaduría de vídeo-acción con obra de Melissa García, Ale de la Puente y Gina Arizpe, Calixto Ramírez y Dominique Suberville, por otra parte se sumaron al proyecto expositivo Emma Molina con obra reciente de Tahanny Lee y la Galería Once Alternativa con obra de Marco Treviño y Renard. Tal vez lo más raro de todo, lo que confirma simultáneamente tanto el sentido del humor de los organizadores como sus intenciones de seriedad, fue la invitación a Cachorra, un proyecto de Germán Pech y Pablo Tut. La Cachorra funciona para fines prácticos como un espacio independiente que originalmente está construido en un terreno baldío de Mérida, y que se materializa en la construcción de uno de esos almacenes provisionales a base de lámina negra, cartón cubierto con chapopote, barato y práctico, que se usan para guardar la herramienta y materiales de una edificación, donde los albañiles se cambian y asean y conviven su descanso; el proyecto se llama así porque la gente en el baldío de Mérida lleva a pasear a sus perros y es un lugar orgánicamente comunitario cuya ubicación e “instalación es la metáfora del inicio de una construcción, pero también el espacio de exhibición para los que no tienen lugar dentro de los nuevos modelos inmobiliarios que se han vuelto los bastiones culturales de Yucatán”, según las propias palabras de los creadores en un texto de Itzel Chan. La Cachorra se reconstruyó tal cual dentro del espacio de la feria, tal reconstrucción de la Cachorra dentro de MacroSalón es una expresiva manifestación arquitectónica de la vocación de Rolando Jacob que resulta en todo congruente con la inquietud curatorial de Beto Díaz, siempre una relación tensa de amor y odio por la institucionalidad de los espacios dedicados al arte.

La «Cachorra» dentro de Macrosalón Foto: Michelle Lartigue

Todo estuvo articulado con miras a funcionar como una feria comercial que terminó comportándose como una bienal desconcertante en el mejor sentido del término, fresca, propositiva, disfrutable, los artistas vendiendo y los coleccionistas comprando, los artistas y visitantes varios disfrutando de un fiestón en el que se compartieron créditos con los integrantes de FAMA, con el claro mensaje de que somos los mismos y no tenemos porqué no llevar, literalmente, la fiesta en paz. Los fundamentos que los organizadores de MacroSalón quisieron mantener claros desde el principio fueron un trato digno a los artistas, compartiendo los gastos de envío y manejando un porcentaje decente de ventas, un saludable intercambio comercial que no perdiera nunca de vista que lo importante en el arte es la serie de relaciones simbólicas y de poder que pone en manifiesto, en resumen, una especie de anti-FAIN. Todo muy loable, aunque no sin la carga consubstancial de gentrificación que conlleva al parecer ya todo proyecto artístico al ubicar la feria dentro del Semillero, proyecto que ya tiene algunos años desarrollando la agenda de elevar el valor inmobiliario en el barrio de La Purísima.

Salas de Macrosalón Foto: Michelle Lartigue

Por su parte FAMA acogió dentro de esta edición el proyecto, también inaudito, de Colección Abierta, concebido y producido por Georgia Durán, Marcelo Vallecillo, Yolanda Leal, Eliud Nava, Catalina Escamilla, Rodrigo Odriozola y Gloria Cárdenas. El coleccionismo, en general, es como la dimensión desconocida en la historia del arte, local, nacional y universal, nadie entendemos muy bien cómo funciona ni por qué nace y sigue funcionando. Parte del misterio lo constituye que un coleccionista no compra objetos, adquiere un sistema de relaciones simbólicas, sistema que al final termina confundiendo con objetos, y por su parte un artista no vende una forma material, intercambia la forma de su deseo por reconocimiento y dinero, reconocimiento que al final termina confundiendo con comprensión y legitimación, y en este intercambio de malentendidos todos ganamos la posibilidad de una sociedad más civilizada. La finalidad de Colección Abierta es oxigenar las colecciones que se han venido amasando por parte de coleccionistas jóvenes, haciendo una reflexión sobre las mismas de manera pública y en esta primera emisión se trató de la colección privada de Georgia Durán y Marcelo Vallecillo bajo la curaduría de Ana Fernanda Cadena. Como se comentó en la conferencia Acerca del coleccionismo a cargo de Adriana Melchor y Ana Garduño, una colección es una especie de ecosistema cuya constante evolución y supervivencia exige la exposición constante, la curaduría que la ilumina en sus matices, la revelación de su significancia en un contexto. La conferencia, que sucedió en el auditorio del Museo MARCO, fue un evento periférico de los organizadores de MacroSalón, un signo más de que los vasos capilares entre ferias redundan en un sistema circulatorio que nutre a la comunidad artística en su conjunto.

Proyecto «Colección Abierta» Foto: Michelle Lartigue

Un comentario acerca de la colección de Durán y Vallecillo exhibida en FAMA requería de una visita posterior a la casa de los propietarios. La idea de la visita nace de un comentario de David Pedroza (arquitecto y también coleccionista) quien me hizo ver que el ambiente natural de la colección es la Casa Roja, donde habitan Marcelo y Georgia, un proyecto arquitectónico de Dear Architects, porque la fueron poblando según la fueron haciendo suya, con pasillos propios para el trabajo gráfico, obras más íntimas para el tocador y las recámaras, haciendo de la casa una especie de museo moderno, la evolución insospechada de un espacio artístico contemporáneo donde la vida cotidiana no se distingue de la aventura estética. Para explorar la colección en su hábitat le pedí me acompañara a la arquitecta Andrea Ramos, porque por más que mi erudición compensa mi falta de pudor a veces la sensibilidad no me da para tanto, y conocer una casa es un proceso delicado que requiere de conocimientos anatómicos para detectar el plano recubierto por la experiencia de la habitación. El azar propio de la selección natural nunca se equivoca y la Casa Roja resultó ser un espacio ideal para alojar la colección que resguarda, como Andrea me hizo notar, porque a pesar de estar todo integrado por la columna vertebral de la escalera que organiza los tres niveles, cada órgano de la casa se sostiene con una identidad propia que permite experimentar los distintos espacios de manera autónoma, abriendo la posibilidad de distintos sentidos y acomodos flexibles de grupos de obras. La exposición de la colección de Georgia Durán y Marcelo Vallecillo dentro de FAMA como primer ensayo de Colección Abierta, no podría ser más adecuado, porque su colección que comenzó, como casi todas las colecciones privadas no institucionales, bajo la forma de un deseo embrionario y por lo tanto irreconocible con el tiempo de su desarrollo, es un auténtico muestrario de una época de la producción artística de la ciudad de los últimos cinco años, una época notoria por la proliferación de espacios independientes que se nutrían copiosa e infatigablemente de nuevas generaciones de artistas egresando de la FAV y la UdeM, y en tanto retrato de ese período la colección tiene desde ya un valor histórico que sin duda cobrará mayor relevancia en los próximos años.

A pesar de tanta inesperada novedad, la noticia de todas las noticias es que en FAMA se vendió un video, Melissa García con una acción registrada de su cuerpo de obra A measure of time colocó uno de sus video-performance en la colección de Gloria Cárdenas levantando una oleada de cejas porque, no sé si esto lo sepa todo mundo, pero vender un video en nuestros días casi equivale a haber vendido un readymade en 1918. La venta de un video en una feria de arte contemporáneo en Monterrey es una frase que nunca pensé que iba a escribir, y ahora la historia la ha escrito asegurando, también con la venta de una obra de Mayra Silva en la misma FAMA, su legitimidad como feria de arte contemporáneo. En la opinión de Catalina Escamilla, la directora de FAMA junto con Rodrigo Odriozola, el coleccionismo en la ciudad está creciendo y apareciendo en generaciones cada vez más jóvenes, e independientemente de la relatividad de ese hecho el éxito de dos ferias de arte es síntoma claro de que un coleccionismo local empieza a existir, cosa inconcebible hace apenas diez años, mucho menos hace veinte cuando a la galería BF15 se le ocurrió que podía hacer exposiciones de artistas jóvenes y encima locales, proyecto que en su momento inspiró a hacer lo mismo a Emma Molina y de donde nació también en Hugo Chávez la idea de la Galería Once Alternativa, cuando el joven Hugo hizo sus prácticas profesionales en la galería dirigida por Pierre Raine en 1998.

FAMA 2021 Foto: Michelle Lartigue

Melissa García en FAMA Foto: Michelle Lartigue

El éxito comercial y publicitario de dos ferias de arte sucediendo al mismo tiempo, coordinadas en sus esfuerzos, es coronado con el berrinche que Aldo Chaparro al respecto anualmente hace público y que ya tradicional declara inaugurada la temporada de posadas y tamales. Por supuesto, lo que esto significa para la ciudad a mediano plazo está por verse, si es que hay una segunda edición de MacroSalón y si es que siguen acomodando sus intereses en común con otra feria con la que en principio son competencia, pero por lo pronto lo que la fortuna nos trajo es una constelación de eventos donde hubo muchísimo que ver y que demuestra que la aorta del arte en Monterrey pulsa con una presión sorprendentemente estable, y si se puede leer un optimismo un tanto inaguantable en todo lo por mí aquí escrito puede estar seguro el lector que no se debe a mi ingenuidad ni a mi reticencia para soltar una mordida, por el contrario, ya la edad y la amargura propias de mi edad han hecho su chamba sobre mis juicios y la fuerza de la gravedad es incombatible después cierto número de latidos, es más bien que la evidencia de los hechos es incontestable y, después de un periodo de pandemia que vio desaparecer los espacios independientes que consistían la vida artística más excitante de la ciudad, todo me esperaba menos una forma evolucionada del mercado en una ciudad que hasta ahora se definía por su falta de interés en la cultura.

Erick Vázquez

No estés triste

La diferencia entre el performance y la danza contemporánea es irrelevante, y la discusión es las más de las veces ociosa, pero si la distancia entre ambas es particularmente confusa la obra se beneficia de que por instantes no sabemos exactamente qué es lo que estamos viendo, y esa ambigüedad tiene la ventaja de dejarnos desarmados ante la obra y su sentido, y este es justo el caso con la obra de Samy Nevárez, No estés triste, que lleva en el título la mitad de la respuesta: en todas las edades, desde la infancia a la vejez, hay muchas y legítimas razones para estar triste, y para todas las edades hay un argumento preparado con el que se nos dice que no hay motivo suficiente para estar tristes, aunque la razón no asista a quienes nos lo dicen nos lo repiten porque resulta que es muy incómodo para todo mundo: la cultura norteña -tal vez la cultura mexicana en general- es particularmente asustadiza con el llanto ajeno.

Durante la mayor parte de los poco más de cuarenta y cinco minutos que dura No estés triste, la bailarina se la pasa pegada a la silla, en variaciones de forcejeo, suspensión y torsión, jugando con el mueble que fue construido con medidas específicas para los juegos de peso y contrapeso, giros y caídas que exigen el equilibrio entre el abandono al sentimiento y el control de una precisión técnica. Durante la obra Samy Nevárez canturrea Piel canela de Bobby Capó, la canción que hicieran famosos Los Panchos en español, Josephine Baker en francés, y el propio Bobby Capó en inglés, pero Samy la canta despedazada y sin resolución, la síncopa natural del cha cha chá extrapolada para descuadrarla sobre los cambios bruscos entre la fluidez y el espasmo con los que la bailarina claramente entiende la tristeza; por ejemplo, en un giro de la frase me importas tú, la última vocal ululante se estresa hasta el frenesí de un gruñido que sale de un cuerpo tenso sobre sus puntos de apoyo. En el desarrollo hay incluso momentos de una erótica propia de la declinación anímica: si hay una lógica espiral en la anatomía humana, es la que permite que una torsión que empuja un miembro, digamos una mano hacia arriba, se ancle con la misma fuerza en los dedos del pie del lado contrario en el piso, es decir, que la contradicción esencial de las emociones del cuerpo es posible gracias a la tensión y la torsión de los tejidos que lo constituyen, por eso la tristeza a veces es deleitante, por la sencilla razón de que inflama la existencia. ¿Qué es la tristeza? No poder apartarse de la silla. ¿Qué es la tristeza? Un equilibrio entre la catástrofe desplomada y la resistencia.

Registro fotográfico de Arturo Torres

El único momento en que la bailarina se despega de la silla y baila con ella cargándola y haciéndola girar en una especie de ensueño amoroso es el único momento en que la canción cambia al tema central de La Bella durmiente, “Eres tú el príncipe azúl…” y entonces parece la obra querer decir que la tristeza de la que está hablando es la del desamor, pero creo que la obra de Samy Nevárez desarrolla la tristeza en la estructura de una dinámica, es decir, un rango de alturas y depresiones en las que fluctúa con voz y cuerpo, con un tema o motivo en ostinato, y entonces la emoción resulta universal, domesticándola con los poderes propios del arte para que se vuelva parte auténtica de nosotros mismos en lugar de una fuerza invasora y alienante. En fin, que esta obra concebida y ejecutada por Samy Nevárez -su primer trabajo como solista- es un pequeño tratado sobre la tristeza en una época en la que nadie quiere saber nada del tema, un tratamiento inteligente y honesto en una danza que es expresiva sin ser fácil, es decir, que conduce el tema con claridad sin resolver por completo el sentido para los espectadores y por lo tanto resulta generosa y algo incómoda, perfecta para ser presentada en Espacio Expectante, fundado por Arely Morán en el 2017, el único espacio independiente en la ciudad dedicado por completo a la danza y las exploraciones corporales. No estés triste se estrenó en Expectante en abril de este año que termina, con una segunda temporada en octubre y también ya fue a presentarla en Queretaro y CDMX.

Erick Vázquez

La imagen que no se presenta

El trayecto al Colegio Civil es una travesía que no agradezco, la ubicación en sí es una metáfora de la situación cultural de la ciudad y su magna casa de estudios, una edificación honorable e histórica pero virtualmente imposible de curar en términos museográficos, absolutamente hostil en términos acústicos, rodeada de un masivo comercio informal que exige al transeúnte toda la agudeza de sus instintos de supervivencia citadina e ilustra la problemática socioeconómica de una urbe que la administración de la misma prefiere ignorar: una riqueza inagotable de identidad regiomontana, las edades y la presencia de migrantes que encuentran oportunidades de supervivencia. En fin, que el trayecto es todo un reto emocional y uno puede llegar ya estéticamente exhausto a la salas de exhibición, pero Gloria me insistió que no podía perdérmelo y La imagen que no se presenta que Mayra Silva ofrece, con una curaduría de Virginie Kastel, efectivamente hace que valga la pena el trayecto, y mucho más que eso, constituye objetivamente una tarde memorable, escrita con tiempo y espacio sobre el silencio de un cortinaje.

El evento sólo sucede los viernes a las 4:40 de la tarde -siete números más que el silencio arbitrariamente paradigmático de John Cage- y el edificio es perfecto para el evento ahora que se encuentra cerrado al público por las condiciones de la pandemia y los largos pasillos más silentes que de costumbre. Llegué un poco antes y me encontré esperando a Calixto Ramírez y Sandra Leal. Las coincidencias no existen y menos dentro de la subespecie a la que pertenecen los artistas, tenían que ser artistas de performance y video a quienes encontrara para acompañar la experiencia porque lo que entiendo de arte lo entiendo por lo que los propios artistas me enseñan y ver su manera de experimentar me ayuda a entender lo que me está pasando a mí. La imagen que no se presenta consiste en dos actos, para el primer acto nos abrieron la primera sala, y en la obscuridad del largo rectángulo sólo había una proyección al fondo: las cortinas del escenario del Aula Magna del mismo edificio en el que nos encontrábamos, registradas en un video blanco y negro las cortinas se entreabren y dejan ver la obscuridad del escenario, las cortinas se vuelven a cerrar, y eso es todo. El segundo acto consiste en trasladarse al teatro en sí, el teatro estaba vacío fuera de nuestra minúscula presencia, sólo se escuchaba detrás de las cortinas la canción india de Rimsky Korsakov, y el crepúsculo, en este momento del año en ese preciso lugar de la ciudad y de la sala se acelera metronómicamente con los pulsos cardiacos para ir dejando la sala en una obscuridad tan gradual y palpable como el pesado terciopelo rojo de las cortinas del escenario. Korsakov es directo y evocativo de una gran emoción a escala de grandes lagos y amplios horizontes, esa evocación musical en un teatro vacío es la metáfora perfecta de la intimidad, transforma la gran estructura arquitectónica en una caja de resonancia para lo interno, dejándonos expuestos a lo que llevamos dentro a cambio de protegernos de la crueldad del exterior. Cuando se entra al teatro la música ya ha comenzado y seguirá repitiéndose hasta que la obscuridad y la experiencia indiquen que ya es suficiente, que llegamos para asistir a una ausencia que permite la presencia de algo nuevo, sin saber exactamente qué, pero que de alguna manera ha modificado el mundo exterior haciéndolo habitable, permisible, menos ordinario y más real.

Tal vez La imagen que no se presenta pueda resultar para algunos, justo como el concierto silencioso de John Cage, una experiencia frustrante, porque uno llega al teatro a no ver nada, porque los humanos, en nuestra mayoría, queremos respuestas, queremos que la imagen se revele, que la palabra nos responda, pero Mayra es una artista recalcitrante, es decir, que a pesar de las exigencias del Otro para justificarse no ha cedido nunca un centímetro en su compromiso por construir las condiciones formales para que la nada y el silencio subsistan en su más íntegra dignidad, compromiso irreductible como su obsesión con las cortinas y el terciopelo rojo que en ella es tan insistente como su contentamiento por seguir remachando el insondable misterio del lenguaje: desde hace más de veinte años que Mayra tiene claro que una palabra es un objeto que no es un objeto, y que los objetos de la materia son mudos sólo en la medida en que la palabra cesa de revolotear dentro de ellos. La imagen que no se presenta se seguirá exhibiendo en el mismo Colegio Civil todos los viernes a las 4:40 de la tarde hasta enero 16 del 2022.

Erick Vázquez

Las Artes Monterrey y el arte público

La cuarta edición de arte público de las Artes Monterrey tuvo lugar, como de costumbre, en la Macroplaza y lo circundante. Esta edición estuvo curada por Abril Zales y Rubén Gutiérrez y mucho del esfuerzo para que fuera posible provino, como de costumbre, de parte de Eliud Nava y Verónica González, empeñados en la noble tarea de mantener latente el débil pulso cultural de la ciudad. A hacer el trayecto me acompañó Gloria, quien tiene mucha fe en este tipo de propuestas porque está segura que aunque se logre tocar la sensibilidad de apenas algunos cuantos, una minoría de los transeúntes aunque sea, en quienes se logre esa utopía anhelada del arte público contemporáneo (la semilla minúscula y efectiva de preguntarse por la pretendida normalidad de su realidad), ya valió la pena el gran esfuerzo de todos los mencionados y creo que Gloria tiene razón; el arte funciona como la minería a cielo abierto, contamina un montón, se perfora y se explotan cantidades de toneladas para extraer apenas gramos de metal precioso (sobra aclarar que la metáfora es simbólica y no pecuniaria).

La primera intervención, frente a las oficinas municipales, es una típica mesa con bancas laterales de concreto, una obra de Teresa Margolles, para cuya construcción realizó diversas visitas a lugares donde se han cometido crímenes de transfobia. Teresa llegó a las escenas del crimen, lavó los lugares, acumuló el agua sobrante y con esa agua mezcló el concreto para las bancas y mesa. En un costado de la mesa se puede leer en relieve “Una mesa y dos bancos realizada con una mezcla de cemento y materiales recuperados donde ocurrieron hechos violentos a mujeres transgénero en la ciudad de Monterrey”. Pocas artistas como Teresa para entender la muda memoria sepultada de la violencia de este país, y esta obra tiene mucho sentido al interior de sus intenciones y producción, una banca en la que la gente se sienta a comer su lonche durante el descanso laboral, reposando inadvertidamente sobre los signos de la desintegración y la furtiva destrucción de la que somos objeto. Podría ser una bella pieza de museo o una muy bien lograda pieza de galería, pero en el espacio público, donde nadie se detiene a leer nada que no les incumba de manera inmediata, el shock value que Teresa tan bien utiliza a su favor en este contexto queda completamente neutralizado y la obra no hace más que redundar en el mutismo doloroso de los crímenes de odio que quedan impunes. Lo inefectivo de la obra quedó comprobado en que posteriormente se mandó pintar el relieve del texto con pintura negra, para ver si así alguien se tomaba la molestia de leerlo, pero en lo que alcancé a atestiguar cuando trabajadores se sentaron a comer no fue el caso, ni siquiera cuando conspicuamente me acerqué a tomar fotografías del texto.

Todavía peor lograda es la intervención de Yolanda Leal, su premisa parte de reconocer que hay plantas que crecen en su patio y en la región sin ser sembradas, que son descartadas como plantas invasivas gracias a un especismo de clase que es reforzado por la idea de que las plantas de vivero son las que tienen una auténtica belleza y valor. Es un problema ideológico fundamental el que Yolanda intenta tocar porque en esa discriminación se aloja la ignorancia regiomontana que considera el crecimiento endémico como un obstáculo al progreso, ignorancia cuyas consecuencias han sido y son de una agresión devastadora y sistematizada desde las políticas de Estado hasta la convivencia individual y doméstica con el verdor. Pero la solución formal de Yolanda para la articulación de este malestar fue usar un árbol de los jardines de la Macroplaza como muestrario de las plantas de las que quería hablar, cercando el árbol con cinturones de metal para suspender probetas de plástico con especímenes de tabachín mexicano que, fuera de su elemento natural, rápidamente murieron de desnutrición; para tratar el tema de la discriminación de las especies la artista inexplicablemente adoptó la estética propia del laboratorio, la disección, y hasta del colonialismo ideológico que el arte contemporáneo es tan susceptible de adoptar, sin siquiera poner atención a los alrededores inmediatos del roble donde crece la Malvastrum tan chula sin que nadie la moleste, y donde se puede ver que además al parecer la Malvastrum ha aprendido a crecer de manera rastrera para aprovechar la protección del árbol manifestando uno más de los múltiples milagros inadvertidos en el interminable e incuantificable procedimiento del origen de las especies.

La intervención de Gabriel Cázares, El Faro y la Ruina, es la que mejor corresponde al contexto por la elección de los materiales y el conocimiento de la gente que camina por ahí, que puede usar unos polines de metal estorbosos ubicados en un punto en el que un centro comercial fracasó y ahora queda como subterráneo olvidado de un sueño impostado de progreso, con el Faro del comercio de fondo haciendo la vertical a sus líneas horizontales. Gabriel conoce muy bien la zona, su historia, y por eso tuvo mejores resultados que las otras intervenciones, con gente curioseando e interactuando, y resulta una prueba, por si hacía falta, de que uno no puede llegar a poner sus cosas así nomás y esperar que la gente reaccione de manera estética. La intervención de Gabriel se activa con una actriz que lee un texto, escrito por Gabriel también, en donde se puede escuchar este sueño del progreso que devino una ciudad mal improvisada y esencialmente hostil al peatón, y el discurso de la actriz se confunde en la dinámica de la plaza donde hay toda clase de gritos y peticiones, quejas y venta de comida, gente curiosa que se para a ver qué está pasando.

El caso es justamente que el arte público tiene que competir con la ya bastante aparatosa realidad del centro de una ciudad: durante la travesía con Gloria nos encontramos un migrante de Chiapas que venía deportado de Wisconsin y pedía informes para llegar al hospital, cargaba una bolsa en el abdomen con un orificio quirúrgico por donde defecaba a razón de un cáncer de colon y nos mostró un fragmento de sus intestinos expuestos, el señor iba con medio cuerpo de fuera como un transeúnte más de la plaza y como una expresión perfecta de la realidad de los migrantes en esta ciudad, que se niega a reconocer que fue una ciudad de migrantes en primer lugar y que vuelve a serlo ahora; más adelante unos obreros trabajaban una macroestructura para cubrir el antiguo palacio de gobierno mientras decenas de contenedores de agua eran vertidos en toda la explanada creando un espejo de agua de cientos de metros cuadrados donde los que caminábamos nos reflejábamos contra el cielo entero del otoño; en el camino entre el Museo de Historia Mexicana y el Palacio hay un enorme pavo real de hierro que debe tener meses o hasta años pudriéndose bajo el sol y la lluvia y deja ver ambos edificios entre su decadencia, un comentario excelente sobre el destino de tantos proyectos gubernamentales.

¿Cómo piensan los artistas que van a competir con esos escándalos estéticos que ya expresan a la perfección la naturaleza de los avatares sociales, económicos y hasta emocionales de esta ciudad? La respuesta es que este proyecto fue realizado por artistas y agentes culturales que o bien no saben quiénes pasan por la plaza o deciden ignorarlo, es decir, que es un proyecto de arte público para un público que sólo existe en la fantasía de los artistas y los gestores. Pero -y este es un gran pero- a fin de cuentas el arte público es uno de los índices de la actividad en una comunidad artística y en tanto tal es como el sexo, que es preferible que haya un poco alguna vez cada año, aunque sea insatisfactorio, a que sólo exista el sueño del evento. A pesar de todo, ¿cómo no estar de acuerdo con este tipo de iniciativas? Sobre todo cuando, repito, son el fruto de un esfuerzo casi altruista de gestores que hasta se desvelan para hacerlo posible, gestores que creen firmemente en el arte como un valor efectivo al interior de una sociedad que, como la regia, hasta presume de lo descarnada que es. Entonces, aunque parezca que me estoy quejando, estoy seguro de que el proyecto de las Artes Monterrey, en cada nueva edición, resuena en una actividad con más virtudes de las que son evidentes, sobre todo en la serie de relaciones que entreteje con diversas instancias culturales como el Festival Santa Lucía, con los artistas que exhiben su trabajo y los curadores en su práctica.

Erick Vázquez