La cuerda y el grito

La pica del violonchelo es una parte de su anatomía que amenaza con rayar la duela, craquelar el azulejo, irse como hilo de media fuera de su lugar. La historia de la pica como ancla del cello nació con la necesidad de sostener el cuerpo agrandado respecto al de su madre, la viola da gamba, que se sostenía entre las rodillas. Para una intérprete de repertorio, esta agudeza es la estabilidad indispensable, la punta del trompo sin la cual no hay gracia elíptica posible ni posibilidad de juego; para Sofía, la aguja de su cello a veces la ha llegado a sentir como el caro precio de amar los instrumentos grandes y las sonoridades extensas, durante un solo en la Tehuanita, Sofía lo arrastró al cello dibujando con la pica por el piso, aprovechando la falta de fricción para dibujar una línea sibilante con trastoques sincopados por los intersticios entre los azulejos, y ese gesto nos hablaba desde entonces de una relación con su instrumento. La relación de Sofía con el chelo es la de toda relación amorosa, le exige lo que no le puede dar, recibe siempre más y a veces menos de lo que pidió, y esa relación también nos habla de una especie de artista que siempre está buscando sus límites, exactamente la clase de artista que Yuko necesita para trabajar sus propias fronteras.

Lo que hoy entendemos por canto es una idea que sólo se sostiene si seguimos distinguiendo límpida, nítida y antisépticamente entre arte y vida, como si arte y vida no se imitaran entre sí. Pocas cosas se me ocurren definitivamente punks en nuestro tiempo como rehúsarse a separar política de estética, y Yuko no distingue el canto del gruñido, no separa la extensión de su brazo de la descendencia de la laringe, y en momentos de mucha felicidad tampoco distingue forma de contenido. Lo curioso de la voz humana es que no nos pertenece del todo, tenemos un cierto control motriz del aparato fonador, sí, pero más allá de eso nos limitamos a abrirle la puerta como al perro al que se le deja salir sin la certeza de que volverá. Yuko en esta fuga se descubre y redescubre, como los niños que aprenden a hablar.

Foto: Rafael Arriaga

Para conectar sus mutuas búsquedas utilizan una tela: anclada de un lado por la pica del cello, y en el lado opuesto la propia Yuko envuelta. Sofía aferrando un punto fijo de un lado, y móvil despegándose la otra, la tela es la expresión material de la relación entre dos cuerpos, es decir, entre dos voluntades, para sostenerse, revivirse, orientarse, jalonearse, todo en el sonido, en la relación siempre natural e inverosímil entre las cuerdas del cello y las cuerdas de la voz humana.

Erick Vázquez

 

 

 

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