La lógica de los perros

La historia de los perros dentro de toda la tradición pictórica occidental la podemos resumir en dos plumazos, desde su función como cazadores en los frescos y mosaicos de la antigua Roma, durante toda la Edad Media, y hasta bien entrado el siglo XIX, el estudio de la forma Canis lupus familiaris se reduce a unas cuantas apariciones como parte de la ornamentación en la corte real. El siglo XIX se pone más interesante, algún adorno para algún representante de la burguesía en Sir Joshua Reynolds, y sobre todo los hermosos perros de John Singer Sargent, pero para todo su encanto y lo atento de su observación a extremidades y pelaje permanecen como un elemento más de clase.

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John Singer Sargent, 1882

Las más que honrosas excepciones provienen, por supuesto, de Goya y Turner. La razón para esta aparatosa omisión de un personaje omnipresente en la vida cotidiana es simple: Si Goya y Turner pudieron retratar con mayor gracia y profundidad la forma canina es precisamente porque no se dejaron impresionar por las personalidades de los ricos, por el pomposo encanto de la burguesía ni de la realeza, así como tampoco se dejaron intimidar por los cuentos de la salvación del alma de la iglesia. Para un verdadero pintor todo es forma, no importan clase social ni creencia espiritual, antes bien para el ojo entrenado se revelan con claridad las miserias y en ese paganismo radical retozan y vagabundean los perros de Gerardo Monsiváis.

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Por supuesto, el naturalismo de Gerardo es todo menos inocente, es cínico. En su raíz griega “cínico” se traduce al castellano literalmente como “perruno”, y ese es el título que adoptaron los filósofos vagabundos más radicales, los que no respetaban ley ni religión y escandalizaban la vieja Atenas reflejando con su conducta lo absurdo, lo cruel, lo ridículo de las convenciones humanas.

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Oleo sobre tela, 2014 60×75 cms

Podríamos catalogar todos los estudios caninos de Gerardo, siguiendo la observación que hace Juliana Garza Maldonado, entre domésticos y callejeros: “Despojado de su poderío, el hombre ya no es un lobo para el hombre, ni siquiera llega a eso. Sometido por sus circunstancias, deambula como perro callejero en busca de sobras. Algunos corren con la fortuna de encontrar un amo que les provea a cambio de su libertad y sus testículos. Otros no tienen opción más que seguir apostando a correr con suerte y encontrar algún hueso en la basura. Ninguno se asemeja a su imponente antecesor, el lobo.” El costo por pertenecer a la sociedad que subraya Juliana en los estudios de Gerardo también lo podemos ver en sus paisajes urbanos. Caro es sin duda siempre el precio de la domesticación, y entre los perros de Gerardo serán más impresionantes los sarnosos, callejeros, buscando en la noche, pero también tiene el ojo para retratar la empatía y la elegancia caninas, el misterio de sus intraducibles pensamientos y lo chistoso de sus circulares reflexiones.

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Gerardo Monsivais, Apuntes varios 2009-2010 (Lápiz y acrílico sobre herculene, 20×25 cm)

Erick Vázquez