Willy Terrazas en la Tehuanita

¿Qué quiere decirnos Willy Terrazas con todo su soplar y soplar? Hay músicos que se concentran en hablar consigo mismos a través del público, que gracias a la presencia de la escucha de los otros se escuchan mejor a sí mismos y se descubren y se siguen descubriendo; hay músicos que se entregan de lleno a su audiencia y se escuchan a sí mismos en un segundo plano en un trance delirante; hay músicos que se encuentran navegando entre ambas corrientes, entre el conocimiento de sí mismo ensimismado y la escucha atenta a lo que sucede en el mundo con su sonido y su silencio. Creo que éste último es el caso de Willy, por su naturaleza pura de artista y gracias su extenso entrenamiento académico y como compositor, así como por su muy temprana aventura en las turbulentas aguas de la improvisación libre.

Es imperdonable que no haya escrito antes un texto sobre Willy Terrazas pero supongo que se me puede excusar por la cantidad de investigación que requiere un artista con más de cien grabaciones, miles de conciertos, el fundador y posterior heraldo de la que según algunos datos es la anti banda más vieja de improvisación en América Latina. La verdad es que no terminé mi investigación y decidí que era más importante escribir ya antes que el azar haga de las suyas de nuevo con mis decisiones. A fin de cuentas, la función de un crítico no es tener la razón (obligación de los lógicos), ni evitar la contradicción (escarnio de los filosófos), ni siquiera tenemos la obligación de ser congruentes con lo que dijimos hace un año o hace un mes (observancia de los historiadores), la única chamba de un crítico es plantear una discusión pertinente que abra la opción de hablar de temas que por su naturaleza tienden al subterfugio, a la propiedad de la bronca que se considera innecesaria en función de las buenas maneras, en otras palabras y simplemente: tratar de comprender lo que los artistas quieren decir.

La posición de Willy ante lo que la música es (una idea con una intención narrativa), es tan clara como su posición ante lo que la música puede ser (un suceso y una aventura sin puerto ni amarras). Esto quiere decir que cuando compone en papel así como cuando compone improvisando se guía por un sentido de la forma y el desarrollo, y para el caso Willy es como el Ulises de la Odisea, tiene un montón de recursos (πολῠ́τροπος): lo que no resuelve con astucia o inventiva lo resuelve con su experiencia y bagaje como intérprete y compositor. Es decir, Willy es un artista cuya educación e inteligencia resultan evidentes, pero esto no significa que se trate de un artista intelectualizado, su viscera y su expresividad individual, existencial, un sentido del humor y del drama, de lo juguetón en la ternura y la fragilidad y la seriedad de su arte en una potencia lo caracteriza dentro de la epopeya, de una hazaña en estilo elevado lindando lo maravilloso con lo casi sobrenatural.

La respiración circular (aspirar y exhalar al mismo tiempo) es una facultad que es más o menos requerida de un instrumentista del aliento, pero Willy ha hecho de esta facultad algo más que una herramienta, el sostenido soplar y respirar al mismo tiempo es la manifestación fisiológica de la disciplina académica que respira y la libertad creativa que exhala, y por más que lo he escuchado desplegar esta facultad de su virtuosismo nunca me ha dejado de impactar precisamente porque no es puro virtuosismo. El solo de improvisación para flauta transversal que presentó en la Tehuanita el pasado 6 de septiembre se vio acompañado de los ruidos de la cocina que habitualmente forman parte de los conciertos en esta fonda oaxaqueña, proyecto de Feike de Jong curado por Clau Arancio, junto con los ruidos que se meten por puerta y ventanas propios de la Diagonal de San Antonio en la colonia Narvarte, las motos, los transeúntes platicando y los aviones. En esta ocasión, la cocina se lució con un staccato de cecina paloteada sobre la barra y el cuchillo cebollero en un ritmo a discreción que Willy supo captar con una riqueza de microtonos desde la casi estridencia hasta la sutileza necesaria para armonizar con el pasajero motor de combustión interna. Cuando Willy se preparaba para alcanzar el silencio concordante a la forma elegida de un trance sostenido la cocina se apresuró, como nunca lo había hecho en toda la temporada de conciertos, con un accidente de trastos que se desplomaron estrepitosos sobre el piso, confirmando, por si quedaba alguna duda, la coherencia.

Erick Vázquez

Retrato cortesía de Rafael Arriaga

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