El riesgo y la fábula

 

 

EL miércoles pasado en Malteada La Vida (el espacio independiente organizado por Ruth Aragón, José de San Cristóbal, Carlos Lara y Michelle Lartigue) se presentó una exposición colectiva con la asistencia curatorial de Angélica Piedrahita, artista colombiana quien para la felicidad comunitaria radica ahora en Monterrey. La exposición de las piezas -que al principio confundí con videos- se tituló Pix element y otros rastros de pantalla y participaron: Laura Camacho, Sara Medina, Mónica Rangel -estudiantes de la UdeM-, y los artistas Rafael Rozendaal y Chucks Brothel. Debo explicar que al principio concluí apresuradamente que se trataba de una buena oportunidad para aprender a ver videoarte (cuya dificultad para ser apreciado debe radicar justamente en que, aquí, en esta ciudad, casi nunca vemos una exposición de puro video y por el otro lado el cine es prácticamente omnipresente en la cultura popular); pero se trataba de algo aún más sencillo de plantear y todavía más difícil de apreciar en el gesto. La exposición entera estaba cifrada sobre la pantalla como  plataforma, como existencia límite en sí misma, cuya importancia es ahora casi universal y en donde los participantes experimentaron en consecuencia. Esta clase de riesgos es el lujo que se dan los espacios independientes, donde incluso los desatinos hacen que valga la pena haberse dado la vuelta. Laura Camacho presentó imágenes de IMVU (Instant Messaging Virtual Universe), una plataforma virtual donde uno puede construirse un personaje, una segunda vida, e interactuar con otros que como uno están ahí para ser alguien más sin serlo. Laura creó un personaje, una Cam Girl o chica que se desnuda o coquetea a cambio de dinero, Cam Girl tal cual existen en la vida real a través del internet. Lo interesante del personaje de Laura es que usuarios otros pagarían dinero real para ver a una joven virtual desnudarse o apenas sólo coquetear para ellos o ellas. La realidad virtual es importante en la medida en la que se confunde con la material, es decir, en la medida en la que revela cuán fantásticas y materiales son ambas cuando se las observa de cerca y que si es tan fácil confundirlas es porque no son contrarias en absoluto.

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El mismo miércoles en la galería Alternativa Once, Salvador Cadena (alias Héctor Cadena, alias Dim Dirdamaled) inauguró IIIrIIIr.rIII: La primera parte de la exposición una cantidad de fotografías del viaje de Elizabeth Allende al buscar por el altiplano de Bolivia el rastro de una comunidad nómada que se alimenta exclusivamente de la luz solar; la segunda parte más documentos, apuntes, fotografías y video que registran la vida de un hombre de Yucatán que había descubierto el mismo misterio nutricio de la fotosíntesis mamífera; la tercera y última parte la documentación el propio Salvador Cadena tratando de lograr la independencia alimentaria en la imitación del girasol: la flor y la fábula.

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A propósito de fábulas, el martes 29 de mayo Santiago Vela tuvo su primera exposición individual en el Museo del Centenario, y la inauguración se abrió con una plática del artista orquestada por Espacio en Blanco –el espacio independiente dirigido por Ana Cadena Payton- sobre su “proceso inútil” y las ideas filosóficas que lo acompañan en su diario andar. Resumirlo en unas frases es injusto, porque se trata de la realidad científica, biológica, filosófica y cósmica de la ficción del individuo, pero propiamente en un afán de justicia voy a intentarlo por tratarse de un tema de especial interés en estos tiempos de acendrada y masiva soledad: La versión popular es que somos individuos, es decir, sujetos indivisibles, donde nuestro interior y exterior son impermeables y apenas imperfectamente comunicados mediante los sentidos y el habla; pero he aquí que la ciencia, la física moderna y la biología sobre todo, desmienten tal versión (el psicoanálisis también, pero la biología es sobradamente más autorizada y expresiva). A nivel bacterial, celular, químico y atómico, estamos en una constante fluctuación con los seres que nos rodean, seres que no son necesariamente semejantes, y si pudiéramos poner atención a las muy factibles capas de diversa realidad que nos constituyen probablemente nos veríamos como uno de estos cuadros, en una fiesta confusa de la forma. Si a Leibniz le hubiese dado por dibujar y pintar hubiese hecho algo parecido a los cuadros de Santiago, quien cerró su plática con la bonita, realista y esperanzadora frase: “Somos la memoria olvidada y elusiva de nuestro futuro.” En la sala del primer piso del mismo Museo del Centenario, Ivette Olivares expone al mismo tiempo una buena cantidad de sus pinturas en su eterna onda plásticoburgesa.

 

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En Heart-Ego, la galería de Charlie Escobar y Robert Moore, se inauguró “Ciudad Beta” por parte de la Estética Unisex (Futuro Moncada y Lorena Estrada) al mismo tiempo que en el segundo piso Daniel Martínez presentó una serie de sus pinturas abstractas al más puro e impecable estilo californiano. “Ciudad Beta” es en parte obra nueva y en parte su ya muy conocida producción alrededor del archivo de la Fundidora, tema que me parece están aún lejos de digerir y agotar. La intuición que han tenido al observar la naturaleza del poder, en las fotografías de las saludos sobre todo, debe ser su trabajo más logrado en términos de exactitud porque al poner la atención en ese gesto de las manos estrechadas, multiplicarlo, cambiarle el contexto, hacerlo absurdo y evidente, lo han hecho universal y reconocible como la expresión de un pacto que revela y oculta algo siempre, pero esa misma gramática han querido utilizarla para comprender la ciudad en general y con ello han demostrado dos cosas: primera, que la realidad de Fundidora no abarca la realidad de la ciudad, y número dos, que su percepción estética los engaña; por ejemplo en el símil de los edificios en construcción con la montaña de la Huasteca, cuya comparación es completamente falsa en términos políticos, científicos, arquitectónicos.

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La Voix: Miriam Medrez y Mayra Silva compartieron la sala de exhibiciones de la Alianza Francesa bajo la curaduría sencilla, amable, y elegante de Virginie Kastel; sencilla: porque se trató simplemente de colocar una obra acústica de Mayra al fondo de la sala que ocupaba un número reducido de esculturas de Miriam, el espacio y silencio justo para que la voz pudiera viajar y los invitados pudiéramos transitar; amable: porque la pieza sonora de Mayra no solamente dialogó con las esculturas en tela de Miriam, sino que el trabajo de ambas artistas cobró una dimensión que reveló aspectos antes insospechados al mismo tiempo que armonizaban; elegante: porque se trataba de La Voz, y los murmullos de Mayra, que sutilmente resisten la violencia de un sol que no se pone nunca, reflejaban la silente naturaleza de una corporalidad que muda no deja de expresar una presencia en las esculturas de Miriam. La Voix permanecerá en la Alianza Francesa hasta el 22 de junio.

Erick Vázquez

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