21 de marzo, 2025
Querida Aura,
Te escribo esta carta porque la crítica de arte en principio tenía forma de correspondencia y porqué no ser anacrónico si la ocasión lo permite, la ocasión de tener más preguntas y ganas de dialogar que certezas bien articuladas. Ayer, a la Fonoteca fui a ver la más reciente versión de Límbica, peceras llenas con diferentes volúmenes de agua, me parece que con sensores acústicos en el fondo de cada una porque cuando les acercabas un micrófono se producía un feedback distinto de una a la otra, que en alguna producía una disonancia de un grado de distancia y en otra un armónico de una quinta justa y creo que armónicos de hasta una octava. No observo estos detalles tonales por mamón, es que creo que no son tecnicismos, me parece que en tu caso nunca lo son, la relación entre la disonancia cercana y los armónicos de la octava es la relación tensa pero estable entre lo irracional y lo racional, en sentido estrictamente matemático y en el sentido de la ratio que es la misma que describe las decisiones de una mano que se aleja mojada del agua hacia la dirección contraria, la rodilla que cambia de ángulo para permitir la longitud dorsal y alcanzar otra pecera más alta. Quiero hablar contigo del sistema límbico del cerebro, tema que me emociona porque por una razón que sospecho poca gente quiere tocar, sospecho que hablar del cerebro sigue cargando con un cierto tabú, más bien dos: el tabú del reduccionismo y el tabú de reconocer que estamos sujetos a una condición orgánica donde el alma no tiene lugar en una discusión que ha tenido siempre un lugar principal en la danza. Creo que estas limitaciones son injustificadas, primero, porque la neurología resolvió el problema cartesiano de la distinción entre cuerpo y pensamiento sin hacer tanto circo, y segundo e igual de importante, a mí me parece que el sistema límbico es el sistema poético por excelencia, que desde hace cientos de miles de años guarda la memoria del movimiento y la emoción como una misma realidad cognitiva y motriz, sin distinguirlas, así como en tu proyecto la escritura de la partitura y la coreografía son una extensión una de la otra que se originan en un cuerpo que se mueve por naturaleza, por eso creo que no hay tal cosa como un “tecnicismo” en tu trabajo, porque no hay un sólo movimiento o sonido gratuito, que para el caso son una extensión uno del otro, todo obedece a una naturaleza del cuerpo y sus relaciones… quiero decir “homeostáticas” porque es el término preciso que me ayuda para expresar una relación inmediata entre el medio interno y el medio externo, cosa que sólo he visto en el lenguaje animal, en perros, gatos, lobos. El proyecto de Límbica es perfectamente intelectual e instintivo al mismo tiempo, lúcido y delirante sin distinguir el delirio de la lucidez, entonces tengo una pregunta para ti: ¿cuando te encuentras en el medio del trance necesario, aparecen palabras en tu interior, frases susurradas? Y si es así, ¿qué dicen? Seguramente que las palabras discursivas tienen reglas que no son las mismas del lenguaje del cuerpo, pero que se encuentran por ahí, en los límites del sentido, más allá de la memoria y ligeramente lejos del alcance de la Historia, tal vez al centro de la Historia Natural, donde la realidad animal pervive, por eso no es exactamente danza ni performance, no es exactamente arte sonoro ni pura sensibilidad a la diferente fluidez del aire o el agua, es el limbo donde todo encuentra su justo lugar. No sólo con Límbica, con tu proyecto y búsqueda en general de borrar toda categoría, me parece que quieres lo imposible, y tal vez lo imposible sea el deseo más legítimo de todos los deseos concebibles,
Erick

22 de marzo, 2025
Erick,
Muchas gracias por tu carta, amo la forma epistolar y creo que es un acertado comienzo para poner en común ideas al respecto de Límbica, así como encontrar un modo de lo que te venía hablando en mensajes de whatsapp, en donde esa “escritura colaborativa” desvanece una expectativa de ser una sola voz o verdad, sino el desdoblamiento de dos diferencias que se encuentran o intentan encontrarse.
Las peceras tienen micrófonos de contacto pero eso no es lo que produce el feedback, sino el acto de acercarles el micrófono de condensador y probar, moviéndolo dentro de cada pecera, a “encontrar fantasmas”. Eso le dije a Iván Naranjo cuando me enseñó a buscar frecuencias resonantes. Estábamos ahí fascinados con las sonoridades que se iban acumulando y descubriendo. Entendí que esto que aprendía a hacer me pedía otra forma de estar, otro movimiento, una contención latente de desbordamiento. Esto es porque el feedback realmente puede disparar volúmenes ensordecedores. Creo que ese estado de metaestabilidad, es de lo que tú hablabas con esa “relación tensa pero estable entre lo racional y lo irracional”. Aunque a propósito de la estabilidad, yo precisaría, que es una condición precaria, frágil, propensa estallar en mil pedazos. Quise buscar la cita de Simondon, porque de él es la noción de metaestabilidad y la define en esos registros de los que hablábamos, cuando la filosofía o la ciencia no alcanzan, parece que sólo queda la poesía. Sin embargo, me perdí en las honduras de Simondon buscando la cita, y preferí regresar a donde estamos conversando tú y yo.
No entendí esto: “el tabú de reconocer que estamos sujetos a una condición orgánica donde el alma no tiene lugar en una discusión que ha tenido siempre un lugar principal en la danza.” No entiendo bien aquí la afirmación implícita que haces de la danza y si puedes aclararme un poco más a fondo a qué te refieres o a quiénes te refieres. Yo no sé nada de alma, nunca me ha hecho mucho sentido esa palabra, y creo que tampoco me hace mucho sentido la palabra danza, o no en ese territorio de categorías generalizantes donde ya aparece un cuerpo en el aire saltando, seguramente mujer, seguramente blanca, estúpidamente delgada.
Concuerdo con tus intuiciones sobre el sistema límbico; yo también lo entiendo así: como algo, una zona, una materia, una parte de este cuerpo que somos, que se resiste a ser develado y sostiene el misterio como derecho, conectándose con una memoria ancestral más que humana.
Tampoco entiendo a qué te refieres con “se mueve por naturaleza” o “obedece a una naturaleza del cuerpo”, creo que aquí se revelan unas ontologías con las cuales no me gusta jugar, yo no obedezco a una naturaleza, ¿qué podría ser a estar alturas una naturaleza del cuerpo? ¿un determinismo cinetificista con sus relatos de categorías fijas, con sus ficciones de verdad?
Recuerdo haber leído una crítica filosófica al término científico de “homeostasis” o, quizá, un buen ejemplo para pensar en las pequeñas narrativas que cada uno de estos términos encierran. ¿Por qué el cuerpo buscaría autoregularse? Tal vez sí, hay la búsqueda de equilibrio metaestable, una tendencia hacia el placer y los afectos alegres. Pero entonces, ¿cómo abrazamos la atracción por el agua contenida en el vidrio? ¿La reducimos a un deseo desviado? ¿A una enfermedad, una perversión, un delirio? Y en ese sentido, sí, hallaste algo en esa relación delirio-lucidez que cobra sentido.
Cuando aparecen susurros seguramente serán disturbios, empezarán a juzgar si el sonido es suficientemente potente, si debería, si soy suficiente, me dicen: ¿por qué estás usurpando un lugar que no mereces? Cuando logro que las voces se disipen, fluye algo más, ahí puedo encontrarme con los seres abisales, nado junto a la bailarina española, aquel nudibranqueo hermoso con faldones elegantes y movimientos envidiables. Ahí puedo respirar bajo el agua y salir a la superficie, ahí hay un refugio para quienes amamos los limbos y los deseos imposibles.
Gracias por acercarte a ellos con tus palabras, gracias por ayudarme a bordear sentido.
Aura

* “Límbica” fue presentada por Aura Arreola en la Fonoteca Nacional el jueves 20 de marzo del presente año, con la colaboración de Iván Naranjo y Jerónimo Naranjo en la asesoría de la performatividad y de la instalación sonora. Diseño de vestuario por Guyphytsy Aldalai
