Afectivo impersonal: Renard en la Once Alternativa

La Galería Once Alternativa fue concebida por Hugo Chávez, cuando el entonces joven arquitecto conoció el proyecto de la galería Bf15, justo antes que la galería cerrara, por ahí del año 2000. Con esa experiencia Hugo tuvo la inspiración para abrir un espacio comercial de arte que presentara proyectos aventureros dentro de la conservadora ciudad. La Once Alternativa es luego el espacio natural para representar a un artista como Renard en su interés, su obsesión, su intensa sujeción por la línea, vital para su vida y su trabajo, para quien en el trazo todo sucede. Para esta artista lo esencial es justamente el instante del rasgo, del gesto, haga escultura, pintura, música, performance o cuando va al Oxxo, lo importante es el trayecto de su cuerpo y de su voz en una superficie. Esta autenticidad irreductible hace de Renard una de las propuestas más refrescantes de los últimos años en la ciudad, original y de una inspiración aparentemente inagotable, por ejemplo el proyecto de Kali en “Mal de Ojo”, el Project room de la Once, que nos perturbó al límite de preguntarnos si eso era arte o no, si debería estar en una galería o no, esa perturbación que pone en crisis el marco de una galería y el marco emocional y estético de una comunidad es justamente el punto al que Renard debería apuntar siempre, se trate de pintura o cualquier otra cosa, que no sepamos qué pensar pero tampoco podamos negar la autenticidad, la veracidad visceral de un gesto indudablemente expresivo de una problemática como la del cuerpo y el lenguaje.

Renard se inscribe en ese linaje de artistas que se puede rastrear en el romanticismo temprano, con Keats cantándole a las flores sin ningún otro público presente, pasando por las vanguardias con los dadaístas realizando acciones de las que no queda más que alguna foto borrosa, rozando el accionismo vienés. Es por esta misma razón que la solución formal con la que da salida a sus pulsiones resulta irregular, a veces imperfecta, como en su pintura y sus performance, porque lo más importante ya sucedió y lo que vemos al final es el subproducto, pero a final de cuentas la pintura de Renard existe y se exhibe colgada, y por lo tanto se inscribe también en una tradición pictórica que tiene una historia y una manera de verse en tanto objeto, y no se puede jugar dos juegos asegurando que uno se vale y el otro no.

Registro: Cortesía del artista
Registro: Cortesía de la artista

Esta problemática es patente en lo que la galería Once exhibe actualmente en sus salas, el resultado de acciones de Renard usando el eje de su cuerpo como un compás para trazar con el filo de sus zapatos las líneas que demarcan los límites de su fuerza, una violencia geométrica, raspando para sacarle la cal a la tablaroca, un gesto propio de la artista para subrayar la naturaleza corporal, miembros como dislocados expresando una voluntad particular que dibuja destruyendo, un gesto que articula la naturaleza de la línea con piernas y pies y torso, pero lo que vemos al visitar las salas son las tablarocas enmarcadas como si fueran cuadros abstractos, implicando que lo importante son los objetos producto de la acción, y la estética final es la muy reconocible de cualquier revista de arte contemporáneo, lenguaje homogéneo de feria. Cuando un artista recurre a formatos reconocibles del arte contemporáneo se suma a un lenguaje que no es del todo suyo, y el precio que paga a cambio de esa engañosa legitimidad es a costa de su individualidad, esta una regla no escrita pero que se cumple, tal vez, casi siempre. Esta exposición en la Once no es del todo congruente con la búsqueda que ha caracterizado al artista hasta ahora, porque el producto de las acciones, enmarcado e iluminado, tomado demasiado en serio, se termina traduciendo en fetichismo, y el fetichismo está bien sólo si se sacrifican la carne y el tejido nervioso, el fetichismo sólo sobrevive a costa de substituir la realidad visceral que constituye en primer lugar la filosofía vital de Renard.

Es sin duda una problemática compleja enlazar un gesto efímero con un producto que ha de inscribirse en la historia de los objetos, complicado en especial tratándose de pintura y escultura, por excelencia los objetos con vida independiente en la práctica del arte, pero lo curioso es que en sus dibujos Renard sí lo logra y con la elegancia propia del poeta que parece que ni batalla para lograr la perfección, es decir, la indiferencia entre forma y contenido. ¿Por qué en sus dibujos garabateados sí lo consigue y, en cambio, con la pintura y otros medios a veces lo logra y a veces no? Tal vez se trate efectivamente de que la gravedad que carga la tradición del dibujo es mucho más ligera y flexible que la del prestigio espeso de la pintura, tal vez se trate sencillamente del dominio de la técnica, que todavía necesita repetir y repetir, y repetir, hasta que la sonoridad de su eructo llegue a las notas decisivas. En todo caso es una artista que siempre vale el esfuerzo de darse la vuelta, aunque sea para atestiguar el proceso de sus logros y fracasos. La exposición en la galería Once Alternativa se podrá visitar hasta el día de hoy, entre 10:00 y 1:00 y de 3:00 a 8:00 pm.

Erick Vázquez

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