Cinco momentos del año 2019

Primer movimiento: No Automático, el espacio independiente con la historia más larga en la ciudad cerró sus puertas y ahora restará hacer el trabajo de archivo, de manera consecuente por la mano del propio Eliud Nava, quien es quien después de todo ha escrito y desarrollado una serie de conclusiones y preguntas acerca de lo que es y no es un espacio independiente partiendo de su propia experiencia, las relaciones y funciones que realiza un espacio tan difícil de definir. Son más de diez años de actividades, en su dirección y curadurías han participado intensamente curadores y artistas como Rolando Jacob, Beto Díaz, Francisco Benítez, Daniel Martínez y Angélica Piedrahita. La clausura de No Automático representa un hecho que, repito, es necesario interpretar, sopesar, y es en esta tonalidad que quiero este último texto del año 2019 escribir sin demasiadas pretensiones, aunque sea para variar.

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No Automático

Interludio: Algo se ha hablado acerca de una especie de autismo político dentro de la producción artística de la ciudad, una fuga de la confrontación ante las fracciones de la realidad que nos sofocan como ciudadanos, las razones de esta carencia son históricas y culturales, y es por esto que quiero recordar algunos momentos que me parecen al caso relevantes para nuestra historia; hay una relación entre una falta de politización del discurso, un aparente desinterés por el tema del amor, y una casi absoluta ausencia de arte erótico, estas tres ausencias forman una matriz sintomática porque no se trata de tres temas entre otros, son los tres temas que dominaron la historia del arte desde el renacimiento hasta, por lo menos, la década del 1960. Son seis siglos de una matriz temática predominante en la práctica artística a nivel internacional, que en esta ciudad sencillamente se dejan de lado en favor de una práctica del arte por el arte, y tal ausencia -que pareciera también una condición de inercia global- debiera por lo menos interrogarnos por las razones locales.

Segundo movimiento: El curso de Ana Fernanda Cadena sobre los orígenes de la pornografía, impartido en Espacio en Blanco, forma parte de un interés suyo que se comprende mejor a la luz de otros cursos que la misma Ana impartió sobre el cómo la expansión del imperio británico estableció un modelo económico sostenido por la fuerza militar, y que vehiculizó una cierta moral, una ideología de la obediencia tomada firmemente de la mano por un control de los goces eróticos del cuerpo y sus representaciones. Este modelo se adoptó a magnitudes geográficas tales que ningún lugar de occidente o del mundo occidentalizado se puede hacer ya el inocente. Por lo menos desde el siglo XIX, el progreso se entiende como el anverso de la represión sexual, el racismo y el clasismo bajo la figura abyectamente disciplinaria de los buenos modales. Si esto suena a un mapa de las costumbres regiomontanas es porque lo es. Que en el calendario cultural de Monterrey se haya encontrado un instante para hablarlo es un pequeño triunfo cultural, un modesto antecedente que como mínimo indica la parte superior de una abertura.

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Fresco en las ruinas de Pompeya, 79 d.C.

Tercer movimiento: Punto de origen, la exposición, a partir de una idea de Marcel del Castillo y co-curada por Francisco Benítez en el espacio independiente de Yolanda Leal, se armó de tres trabajos: una instalación de dos videos contrapuestos, en un proyector los afamados concursos de belleza de Venezuela y en el otro los no menos infames discursos televisados del dictador Hugo Chávez, expresiva sencillez de una realidad revelada en las imágenes y articulada por Marcel. Creo que el sentido del humor de Marcel es proporcional al absurdo de una realidad política que en nuestra impotencia los latinoamericanos melancólicamente reconocemos como “realismo mágico”, que de mágico no tiene nada y Marcel no tiene tiempo de tentarse el corazón al señalar.

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El otro trabajo, de Isabel López, un ejercicio de fotografía con imágenes de uniformación, grupos militares, grupos escolares, impresas en formatos muy pequeños acompañadas de una lupa para poder verlas mejor. La idea es clara: la masiva conformidad de las instituciones que disciplinan los cuerpos sólo puede observarse de cerca, en la intimidad de un ojo que se acerca con la inclinación del cuerpo entero, identificar al individuo dentro de las formas de una estadística. El ejercicio de Isabel era imperfecto, porque las imágenes podían apreciarse sin ayuda de la lupa, tal vez por timidez de arriesgarse a montar una dificultad, pero ese era el punto.

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De todos modos, la idea se transmitía y tal proyecto por parte de una estudiante es consecuencia natural del esfuerzo formal que Marcel del Castillo y el propio Paco Benítez han sostenido para vincular la práctica fotográfica con instancias que sólo la rebasan por prejuicio. En el último trabajo Yolanda Leal, quien ya ha jugado antes con gomas de borrar, esta vez utilizó borradores con forma de soldados, pequeños soldaditos de goma que usó para desborrar frases escritas con grafito sobre papel, Fue el Estado, Daño colateral, Desobediencia colectiva, Soberanía, etcétera; vocabulario propio de un conflicto en el que nos encontramos y que circula tanto del lado institucional como del lado civil. Por supuesto que las palabras se borran más mal que bien, y es un pequeño manifiesto sobre la actividad de un olvido que fracasa en la actividad propia de un espacio pedagógico, el de los lápices y los borradores. Para decirlo una vez más, ha tenido que ser en los espacios independientes en donde un curso sobre la historia de la pornografía y un acercamiento al problema del Estado de excepción han encontrado su salida. ¿Cómo es que una ciudad con una práctica tan arraigada de la obediencia, tan arraigada que se identifica en todos los aspectos de sus mitos fundacionales, puede al mismo tiempo producir este tipo de espacios? La respuesta debe ser extensa, pero por lo pronto el que dichos espacios tengan una relación estrecha, aunque indirecta, con las instituciones educativas no puede ser sino un índice de un cierto cambio en una inercia histórica, relativo si se quiere.

Cuarto movimiento: Otro momento que no puede quedar sin ser mencionado es la reunión de mujeres artistas en un panel organizado dentro de la segunda edición de FAMA, una agenda de tal relevancia política es completamente atípica en el marco de una feria comercial de arte, lo cual es digno reconocerles a los organizadores, Catalina Escamilla y Rodrigo Odriozola. El panel lo conformaron Deni Ríos, Nico de León, Paola Livas, Melissa Aguirre, Mayra Silva, Marcela Quiroga, Miriam Medrez, con la moderación a cargo de la curadora, y editora de TresNubes, Virginie Kastel. La pura confluencia en ese arco de edades era ya suficiente para hacerlo importante, la diferencia en las experiencias de cada una fue ilustrativa de un par de elementos discursivos en común, un diferencial entre la voluntad de llamarse radicales y un elemento de perseverancia tomado nada más y nada menos que de la cultura regiomontana, lo cual no por ser natural es menos sorprendente, que una de las maneras de la supervivencia consista justamente en perseverar ante la adversidad es una fórmula netamente regiomontana que alude a la potencia de la individualidad, a lo que es capaz un cuerpo en relativo paralelismo para con el contexto. Esto quiere decir que se pueden usar elementos de la cultura regiomontana para hacer cosas muy poco regiomontanas, y con este señalamiento me parece que insisto en una variación dentro del tema de este texto.

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Quinto movimiento: del museo MARCO nos llegó a los miembros de la comunidad artística un correo de invitación para una visita guiada de la exposición recién inaugurada de Ai Wei Wei. La guía estuvo a cargo del propio curador de la exposición, Cuauhtémoc Medina, quien nos recibió en la sala de la fuente bajo una impresionante instalación de la dinastía Wang, pero lo más impresionante, aun más impresionante que el inmenso andamiaje y la exposición entera, fue el momento en que la directora del museo, Taiyana Pimentel, nos recibió diciendo que no hay museo de arte contemporáneo que no tenga una relación significativa con la comunidad de artistas que lo circunda, y que esta invitación, ella espera, sea el gesto simbólico de cosas por venir.

Erick Vázquez

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