Drama Mexicano

A un novelista alguna vez le preguntaron acerca de la importancia de la mirada y a manera de respuesta ―como suelen hacer los narradores porque saben a la verdad no se la puede mostrar desnuda― contó una anécdota de su infancia: le encantaba ir al teatro, fascinado por los efectos, la edificación de sueños dimensionando un mundo real, interno y externo, y en una ocasión quiso saber qué había detrás de todo aquello, se escabulló detrás del telón y vio cómo todo estaba construido de estructuras realmente frágiles para levantar fachadas de castillos y bosques enteros, juegos de luces y tramoyas para sostener una ilusión, pensó, “así funciona el poder”.  

“Drama mexicano” de Yvonne Venegas

Tal vez la realidad mexicana, famosamente, tercamente elusiva, se revela con calidad de grano fino en las fiestas y en las máscaras porque la comedia y la tragedia están cosidas entre sí en nuestra cultura como la doble hélice de un ADN, y luego es tan compleja, tan contrastada de norte a sur y de costa a costa que es inevitablemente injusto hablar de una sola realidad mexicana, de un estado a otro el poder político, económico y social en sus temas y variaciones es un reto para la comprensión desde que en este drama nuestro, en la fórmula precisa popularizada por Daniel Sada, porque parece mentira la verdad nunca se sabe; pero el arte es una manera misteriosamente sencilla y efectiva para sintetizar lo complejo, el teatro es una maqueta del mundo y su representación, y a su vez, la fotografía es un encuadre que nos permite enmarcar conceptos inabarcables a la abstracción de la palabra.

Yvonne Venegas realizó el proyecto de fotografíar varios teatros de la ciudad, los telones, tramoyas, cuartos de ensayo, los escenarios y las butacas vacías. Yvonne tiene un ojo para la neutralidad, una capacidad para observar desprejuiciada, talento inusual que le ha permitido retratar las cosas como son, y este encuadre neutro es tal vez resultado de haberse criado en una ciudad fronteriza, liminal, bajo la nacionalidad de una mirada ambivalente, o tal vez sencillamente sea una consecuencia de la generosidad de su persona; una mirada generosa es suficiente para reconstruir una historia, para reescribir destinos. Ahora bien, por supuesto que, justo por estas mismas razones, sus imágenes podrían ser de cualquier teatro en prácticamente cualquier parte del mundo, pero es el título del proyecto, “Drama mexicano”, sumado a la elección del blanco y negro gradando las entrañas del teatro en la escala de grises lo que revela una intención radiográfica sobre la anatomía del cuerpo arquitectónico, para hablarnos de una práctica que articula efectivamente la colorida simbología de la realidad. Las imágenes del telón negro que deja apenas entrever el andamiaje y la utilería detrás, del piso marcado por la múltiple carga de tantas obras realizadas, de los cuerpos pesados de las telas bajo la luz cenital que dirige la atención del pensamiento, encuadran la curiosidad inagotable en la mirada de Yvonne sobre la consabida magia del teatro para reflejar la realidad, y es la ambivalencia neutra de estas fotografías, la auténtica admiración hacia el arte del teatro, lo que permite que las imágenes de este proyecto deveras puedan hablarnos de la realidad mexicana en general, ya sea la de Taxco o la de Michoacán, Sonora o la Ciudad de México, y eso no es poca cosa en los días que nos ven pasar, días de extrema confusión acerca de la distinción entre la verdad y la mentira, la realidad y la ficción.

“Drama mexicano” de Yvonne Venegas
“Drama mexicano” de Yvonne Venegas

El proyecto de Yvonne es más amplio que el enfoque de este texto, también hay retratos de actrices y actores, posando, en medio de desarrollos de personaje, y desde que el mundo es un teatro y crónica y testimonio de una época, su proyecto de fotografíar la estructura que hace posible la escenografía es naturalmente múltiple en sentidos. Alguna vez Elisa Corona me dijo que un teatro vacío es la metáfora perfecta de la intimidad, y estas fotografías de Yvonne tan llenas de ausencia nos permiten habitarlas y llenarlas con toda la fuerza de nuestras soledades, nuestros deseos, ansiedades y fantasías. Las fotografías también son explícitas acerca del trabajo escénico, el uso y el desgaste de puertas y pinturas, hay una épica discreta en esta serie, que no podría ser más pertinente y oportuna: el teatro en México ahora sufre, casi como todas las artes escénicas, una dura crisis económica, que naturalmente se traduce en una crisis de proyectos que se aventuran a a apostar por lo experimental, y es una condición contradictoria desde que en la Ciudad de México, según tengo entendido, por un lado, probablemente hay más teatro que nunca, hay una cantidad insospechada de espacios independientes para responder a esta necesidad, y por otro lado no hay trabajo, son muy pocas personas las que pueden vivir del teatro, y en esta ecuación la respuesta parece ser que sencillamente la difícil labor se sostiene por un amor por el teatro, y que tal amor es una reacción a condiciones ideológicas opresivas que son tan importantes como el sustento cotidiano.

Erick Vázquez

“Drama mexicano” se inauguró el 24 de enero en la Galería Lateral LTRL, Bucarelli 108, int, 107 y permanecerá expuesta hasta el 28 de marzo del presente.