Una investigación sobre el dolor humano en tres partes

 

La Trilogía del dolor: una investigación sobre el dolor humano en tres partes es el décimo álbum como solista de Wilfrido Terrazas y su tercero como compositor monográfico. La serie de composiciones que conforma el álbum no inició como un proyecto, no se originó con un concepto de partida y sus ramificaciones posteriores como crecimiento interno que brotó hace un par de años y se fue metabolizando hasta cobrar la forma musical de una emoción.  

Arte de Esther Gámez Rubio

¿Qué significa investigar una emoción, en particular, la emoción del dolor, una emoción imposible, imposible para los poderes del discurso, imposible ante el sentido? Las herramientas usadas en este álbum son la palabra cantada, la palabra narrada, pero también la voz desnuda de lenguaje, la voz en su pura expresión y misterio del registro de un cuerpo. De manera simétrica a la voz, se usan los instrumentos y las herramientas el lenguaje musical: la armonía tonal, microtonal y atonal, la composición deliberada y una partitura abierta a la improvisación, por momentos incluso abierta a la improvisación libre. Wilfrido echó mano de todos los recursos a su alcance, toda su experiencia como compositor e intérprete, para investigar la emoción imposible por excelencia.

Arte de Esther Gámez Rubio

Los ejes a lo largo y ancho de las piezas están trazados por la tradición de la música contemporánea, esa curiosa tradición de construir deconstruyendo la memoria de los registros occidentales, bajo la manera de los ecos de la canción ranchera, el lamento cardenche y el huapango. Es siempre muy curioso el viaje de cada artista en la música contemporánea, son tan disímiles y tan parecidas las búsquedas, por ejemplo: es expresivo que sea tan usual el retorno a las raíces, el regreso a los orígenes locales como un reclamo ante la tradición europea que se fundamenta sobre todo en la reinvención, como si la herencia de la música contemporánea se experimentara como una alienación y al mismo tiempo regalara la promesa para su propia subversión; pero es importante subrayar que en este álbum las referencias y entrecruces no se usan para un proyecto en busca de una originalidad, no son el producto de una musicología, son los ecos de una experiencia personal. La honestidad, en el arte de la composición contemporánea, no es una obligación ni mucho menos un derecho, la honestidad, en el arte de la improvisación —que ha marcado el interés de Wilfrido desde muy temprano—, es más que un derecho, es una ética. El proyecto del álbum es atípico en tanto que no gira en torno a un concepto, ni alrededor de un tema propiamente, sino del dolor en la existencia compartida de la mexicanidad, de las experiencias privadas de la infancia y de la pérdida en concreto, en la tierra adentro y en sus músicas; atraviesa, un sentimiento complejo, para el que tal vez no haya palabra, pero para el que sí puede haber música, entre la latitud de la desolación y la longitud de la nostalgia, a ciertos grados de la compasión y de la pena, triangulado entre la rabia y la ternura.

El famoso virtuosismo de Wilfrido en ningún momento es protagonista, incluso cuando es evdiente, porque lo más importante en todo momento del proyecto, es la honestidad y la fidelidad a un sentimiento, biográfico, de ahí el reconocimiento en la generosa apertura a inscribirnos. Tal vez la flauta tenga una vocación espiritual, pero en manos y boca de Wilfrido la flauta no es cartesiana, católica ni dualista, tal vez por eso nos puede hablar del dolor, la emoción que borra la diferencia entre cuerpo y alma.

Una imagen de lo que es la música contemporánea mexicana, ciudadana del mundo y heredera de una tradición que nació en Europa y fue a tener descendencia en otro continente, en un país pleno de contradicciones. Desde que se trata de una investigación sobre el dolor humano, sin muelles ni filtros, su escucha no siempre es fácil, pero siempre es bella, en ocasiones bellísima. Me parece que esta trilogía es un parteaguas, una obra que es un punto de llegada y de partida para Wilfrido, que sintetiza búsquedas y contradicciones insolubles, pero que sobre todo se caracteriza por la honestidad que busca compartir una realidad que muchos vivimos y de la que se habla muy poco. Él dice que no sabe si lo logró, en mi opinión sí: ahora que las jacarandas dejan caer sus flores de nuevo como cada año y por unos cuantos días, con su olor a chicles de violeta, mi camino se transforma a través de su aroma, y viene a mi oído interno el tema recurrente de la Trilogía como un recuerdo involuntario: da sentido a una nostalgia que conozco bien, y que cada año, en cuanto las lluvias comienzan en la ciudad sé que ha terminado el breve florecer, sé que pasaré el resto del año esperando a que todo sea con el otoño, esperando con impaciencia y algo de ansiedad a que el invierno y su frialdad acaben con la incertidumbre del regreso violáceo de la primavera.

Erick Vázquez

“Trilogía del dolor: Una investigación sobre el dolor humano” se editó el 27 de febrero del 2026, todas las composiciones y la producción de Wilfrido Terrazas, grabado, mezclado y masterizado por Christian Cummings en el Studio A, Warren Lecture Hall de la UC San Diego. Poemas de Nuria Manzur Wirth, Ricardo Cázares, Tania Favela, Mónica Morales Rocha, Nadia Mondragón y el propio Wilfrido Terrazas. Arte y diseño del disco por Esther Gámez Rubio. La voz soprano de Mariana Flores Bucio, Miguel Zazueta en la voz tenor, clarinete de Madison Greenstone, cello de Rocío Sánchez, y Camilo Zamudio en la percusión. Narración y flautas de Wilfrido Terrazas.