Empalme Sonoro

Tenemos la idea de que la historia del arte es la historia de las rupturas, y esa es una idea más o menos inútil, sobre todo en lo que refiere a las artes escénicas, la danza y la música. La historia de la música y la danza es más bien la historia de los hallazgos y las colaboraciones inesperadas. El proyecto de Daniel Lara -en colaboración con Rodrigo Cantú, Ana Carolina Delgado y Alberto Navarro- es un proyecto perfectamente utópico en el sentido de que no tiene antecedentes en la realidad regiomontana, claro que hay y ha habido artistas sonoros y compositores y músicos contemporáneos, pero lo que Daniel quiere es empalmar artistas que trabajen con audio, con su cuerpo, con instrumentos o sin ellos, diluir la diferencia de las categorías que realmente sólo funcionan con propiedad al momento de adaptar un proyecto a un sistema institucional. Daniel tiene razón, la diferencia entre una artista de performance que trabaja con sonido y un compositor de música contemporánea es completamente irrelevante, como ociosa es la discusión por definir los géneros literarios, los géneros en general.

El empalme es una invención gastronómica ubicada entre General Zuazua, Escobedo, Ciénega de Flores, Marín, en el que se pegan dos tortillas untadas con manteca de puerco y en medio frijoles o lo que se permita, la grasa de puerco sobre la materia neutra de la tortilla es una base congruente para asimilar cualquier cosa que se le pueda poner adentro, y es una solución curatorial práctica y muy efectiva, nada rebuscada y muy norteña. La manteca de puerco en esta segunda edición del “Empalme Sonoro” fue el amor por la distorsión, la inclinación acústica por la saturación, el placer de la deformación extraviada de los armónicos que sólo es posible en la transducción analógica del voltaje.

La segunda edición del “Empalme Sonoro” tuvo lugar el pasado sábado 02 de abril en Espacio Expectante -el único espacio independiente de la ciudad dedicado a las artes escénicas y en particular a la danza contemporánea- abrió con Daniel Pérez Ríos y una pieza muy sencilla, su guitarra eléctrica Epiphone, un amplificador, pedales de Reverb, Delay, Overdrive y MXR Fullborne Metal: un juego de variaciones sobre el Clair de lune de Debussy, reconocible apenas después de que pareciera sólo estar jugando con dos cuerdas de la guitarra como buscando qué hacer con ellas, buscando su camino entre los armónicos de Fa y La bemol, Re y Do sostenido, hasta descubrir la famosa línea melódica que equivaldría al compás 15 de la partitura original. El Clair de lune fue compuesto por Debussy en 1890, pero lo incluyó dentro de una suite de 1905, cuando ya el compositor se había casi desentendido de la formalidad tonal clásica. Debussy lo incluyó a pesar de tratarse de una obra más temprana porque, justamente, la Clair de lune está un poco rara en momentos clave, vagabundea demasiado antes de llegar a los arpegios finales en los que todo se resuelve y uno puede descansar sabiendo que todo está en orden. Por estas razones esta pieza no envejece, por más que se la quiera abusar con afanes sentimentales baratones, porque es un puente entre la música reconocible de la forma sonata y la aventura de la forma libre, un puente adorable además, que en tanto pasaje resulta muy generoso en las manos de un artista contemporáneo como Daniel Pérez Ríos, que la reverberó y extendió en su identidad. El cuerpo de obra de Daniel Pérez es siempre congruente, aunque a veces las soluciones formales que elige parezcan alejadas, y Debussy hubiera estado de acuerdo con su improvisación porque los intereses de Pérez Ríos sólo pueden entenderse como la tensión entre el romanticismo y la saturación distorsionada de la forma que se resuelve en el negro absoluto.

Daniel Pérez Ríos. Registro de Ana Carolina Delgado

Todo lo que hace Yeyo Moroder es particularmente difícil de comentar, por la mejor de las razones. Yeyo es un artista muy generoso que usa muchas máscaras, y el que tiene muchas máscaras siempre nos quiere decir que sólo usa una: la de la importancia de su obra por sobre la de su persona. Per-sonare. Tal vez sea su juego con la identidad lo que le permite usar cualquier recurso del universo sonoro que llame su atención, tres distintos radios despertadores con los que captaba señales de estaciones locales, un sampler con frecuencias preparadas con el que filtraba las vibraciones de su guitarra acústica directa a un micrófono, guitarra saturada de madera mal cuidada, el sentido de la belleza ranchero modulado por un sentido del arte de la escucha refinada, sofisticado y pensado, crudo e intuitivo por igual, en las fronteras de la cultura todo el tiempo.

Yeyo Moroder. Registro de Ana Carolina Delgado

El noise de Daniel Lara lo generó todo desde una pequeña caja de frecuencia, la experiencia acústica de la onda electromagnética es relativamente reciente, y en la historia de la música es prácticamente nueva, apareció hace apenas unos sesenta años con la invención del modulador de frecuencia y el amplificador de la señal eléctrica. La relación entre un músico y la señal eléctrica no es menos analógica que la de un violinista con su instrumento, pero sí es probablemente más emocional, más directa con el hecho crudo del amasijo neuronal que puebla el organismo mamífero humano, y la insistencia de una onda en particular que Daniel Lara interrumpe casi siempre con una tendencia hacia la frecuencia más cerrada, lo que un señor como yo llamaría un allegro crescendo ma non troppo, es lo que llenó la sala del concierto con una clara y definitiva señal de sus intenciones al organizar estos empalmes, que con toda justicia deben llamarse música y distinguirse en nada del arte sonoro, después de todo ya pasó más de un siglo desde que Pessoa escribiera poder exprimir-me todo como um motor se exprime, ser completo como uma máquina. La música directa de la onda de voltaje es imposible de comparar con las capacidades del lenguaje articulado, abstracción pura como es y carnal como lo es el cuerpo. En la experiencia de las variaciones de voltaje -que no podrían escribirse en el sistema de notación de la tradición occidental- el sentido del ritmo, por ejemplo, es invariablemente cardiológico, gracias a la ausencia de la percusión. La emoción del noise de Daniel Lara conectó todo muy divertido y todo muy discretamente intelectual, como la mejor música acaso lo sea.

Daniel Lara. Registro de Ana Carolina Delgado

Huno Huno cerró la sesión y para su intervención las sillas salieron sobrando. El manejo de la cantidad de recursos de Huno es asombroso, porque la calidad de su imagen acústica conserva en todo momento una dimensión rica y concreta sin la necesidad de descansar la solución únicamente en el loop. Lo mismo podría decirse de todos los integrantes de esa noche, que la invención de sus temas parecía inagotable sin apoyarse en el recurso de tema y variación, sino en la soltura de su relación con las texturas.

Huno. Registro de Ana Carolina Delgado

La tercera edición del Empalme Sonoro tendrá lugar el 30 de abril en el mismo Espacio Expectante (más información: @empalmesonoro) y seguramente serán en su conjunto una referencia para articulaciones posteriores, así como ya lo son las Impro-Sessions organizadas por Leo Torres entre el 2013 y el 2014.

Erick Vázquez

No estés triste

La diferencia entre el performance y la danza contemporánea es irrelevante, y la discusión es las más de las veces ociosa, pero si la distancia entre ambas es particularmente confusa la obra se beneficia de que por instantes no sabemos exactamente qué es lo que estamos viendo, y esa ambigüedad tiene la ventaja de dejarnos desarmados ante la obra y su sentido, y este es justo el caso con la obra de Samy Nevárez, No estés triste, que lleva en el título la mitad de la respuesta: en todas las edades, desde la infancia a la vejez, hay muchas y legítimas razones para estar triste, y para todas las edades hay un argumento preparado con el que se nos dice que no hay motivo suficiente para estar tristes, aunque la razón no asista a quienes nos lo dicen nos lo repiten porque resulta que es muy incómodo para todo mundo: la cultura norteña -tal vez la cultura mexicana en general- es particularmente asustadiza con el llanto ajeno.

Durante la mayor parte de los poco más de cuarenta y cinco minutos que dura No estés triste, la bailarina se la pasa pegada a la silla, en variaciones de forcejeo, suspensión y torsión, jugando con el mueble que fue construido con medidas específicas para los juegos de peso y contrapeso, giros y caídas que exigen el equilibrio entre el abandono al sentimiento y el control de una precisión técnica. Durante la obra Samy Nevárez canturrea Piel canela de Bobby Capó, la canción que hicieran famosos Los Panchos en español, Josephine Baker en francés, y el propio Bobby Capó en inglés, pero Samy la canta despedazada y sin resolución, la síncopa natural del cha cha chá extrapolada para descuadrarla sobre los cambios bruscos entre la fluidez y el espasmo con los que la bailarina claramente entiende la tristeza; por ejemplo, en un giro de la frase me importas tú, la última vocal ululante se estresa hasta el frenesí de un gruñido que sale de un cuerpo tenso sobre sus puntos de apoyo. En el desarrollo hay incluso momentos de una erótica propia de la declinación anímica: si hay una lógica espiral en la anatomía humana, es la que permite que una torsión que empuja un miembro, digamos una mano hacia arriba, se ancle con la misma fuerza en los dedos del pie del lado contrario en el piso, es decir, que la contradicción esencial de las emociones del cuerpo es posible gracias a la tensión y la torsión de los tejidos que lo constituyen, por eso la tristeza a veces es deleitante, por la sencilla razón de que inflama la existencia. ¿Qué es la tristeza? No poder apartarse de la silla. ¿Qué es la tristeza? Un equilibrio entre la catástrofe desplomada y la resistencia.

Registro fotográfico de Arturo Torres

El único momento en que la bailarina se despega de la silla y baila con ella cargándola y haciéndola girar en una especie de ensueño amoroso es el único momento en que la canción cambia al tema central de La Bella durmiente, “Eres tú el príncipe azúl…” y entonces parece la obra querer decir que la tristeza de la que está hablando es la del desamor, pero creo que la obra de Samy Nevárez desarrolla la tristeza en la estructura de una dinámica, es decir, un rango de alturas y depresiones en las que fluctúa con voz y cuerpo, con un tema o motivo en ostinato, y entonces la emoción resulta universal, domesticándola con los poderes propios del arte para que se vuelva parte auténtica de nosotros mismos en lugar de una fuerza invasora y alienante. En fin, que esta obra concebida y ejecutada por Samy Nevárez -su primer trabajo como solista- es un pequeño tratado sobre la tristeza en una época en la que nadie quiere saber nada del tema, un tratamiento inteligente y honesto en una danza que es expresiva sin ser fácil, es decir, que conduce el tema con claridad sin resolver por completo el sentido para los espectadores y por lo tanto resulta generosa y algo incómoda, perfecta para ser presentada en Espacio Expectante, fundado por Arely Morán en el 2017, el único espacio independiente en la ciudad dedicado por completo a la danza y las exploraciones corporales. No estés triste se estrenó en Expectante en abril de este año que termina, con una segunda temporada en octubre y también ya fue a presentarla en Queretaro y CDMX.

Erick Vázquez